Columnistas

Pandemia social

La Razón (Edición Impresa) / Lucía Sauma

00:06 / 23 de noviembre de 2017

Tenían cinco meses los mellizos que, el 13 de noviembre, murieron asfixiados con la leche que tomaban mientras estaban con su madre, de 18 años, en una sola habitación de un barrio de El Alto. Una semana después, entre el sábado 18 y el domingo 19 de noviembre, una bebé de cuatro meses murió también por broncoaspiración. Ella vivía con su madre de 17 años en una chichería en Cliza, Cochabamba, un pésimo lugar para la mamá y la pequeña. En ambos casos las madres son muy jóvenes, en ambos casos ellas estaban solas con sus bebés sin la presencia del padre, en ambos casos los bebés murieron asfixiados. La niña de cuatro meses tenía señales de dejadez y abandono; seguramente no era una hija deseada, esperada, querida, sino, todo lo contrario.

Cuando encontraron muertos tanto a los mellizos como a la bebé de cuatro meses, las madres quedaron detenidas por las fuerzas policiales. ¿Dónde estaba el resto de las familias? ¿Dónde están las parejas de esas adolescentes? ¿Dónde están los abuelos de esos bebés? ¿Solamente ellas son las responsables? Por supuesto que no, finalmente ellas son las primeras víctimas de una pandemia social que aún no es reconocida como tal y que parece reclamar más víctimas antes de exigir medidas reales y efectivas para evitar más tragedias.

Estas muertes tienen que ver con la altísima tasa de natalidad en adolescentes que tiene Bolivia: 116 de cada 1.000 mujeres entre 15 y 19 años están embarazadas o tienen hijos, según datos del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA). Nuestro país encabeza la lista con más embarazos adolescentes en América Latina. Detrás de estas cifras se esconden vergonzosas borracheras que terminan en violaciones dentro de las casas por parte de los propios padres , tíos o padrastros de las adolescentes, quienes luego dan a luz hijos que nunca quisieron.

En septiembre, la ciudadanía se daba golpes en el pecho cuando todos nos enteramos, por información oficial del Ministerio de Salud, que desde enero hasta julio de este año 2.500 niñas entre 10 y 12 años estaban embarazadas en todo el país. En octubre, cínicos novelones nos mantuvieron ocupados; y para noviembre quedaron olvidadas las incómodas cifras, hasta que esas niñas con sus hijos muertos resurgen para llamarnos otra vez la atención.

Junto a ellos aparecen los recién nacidos metidos en bolsas negras para ser desechados en basurales. Tristes historias de desamparo donde el verdadero abandono viene del Estado, que en la lucha política ha dejado de lado el tema social; el cual requiere mayor interés, va más allá de la entrega de bonos y tiene mucho que ver con educación, con formación en valores, con dedicación diaria, con coraje para el buen ejemplo.

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