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Panóptico

La plata de esta bonanza y las peleas de la política están haciendo estragos esta ciudad

La Razón / Carlos Villagómez

02:54 / 06 de agosto de 2013

El panóptico fue una invención inglesa para enjaular y vigilar a prisioneros de toda calaña. Muy pocos ejemplos de este tipo de cárceles existen en el mundo, y nosotros tenemos en San Pedro una que pronto dejará de recibir reclusos. El destino del predio ya está infelizmente politizado, al igual que sucedió con los últimos grandes proyectos de La Paz.

Lo mencioné y lo reitero: la plata de esta bonanza y las peleas de la política están haciendo estragos esta ciudad, y seguimos siendo incapaces de controlar su intromisión en el desarrollo urbano.  Ahora la cárcel de San Pedro es la pelotera, y con premura electoral, se presentaron diversas opciones para el uso de tremendo lote ubicado en un inmejorable lugar. Para enmarcar el debate se debe precisar la disyuntiva histórica: proyectamos su futuro hacia el “vivir bien” o lo mandamos al... “vivir peor”. La primera opción exige un cambio del de-sarrollo urbano, una real descolonización del pensamiento de progreso y una revolución temática en los proyectos urbanos y rurales. Es decir: vivir en cuerpo y mente este nuevo milenio.

La segunda opción es conservar ese espíritu consumista, depredador, concentrador y necio, que se vivió en el siglo XX. Ese modo simiesco que fomentó ciudades tercermundistas a “imagen y semejanza” de las barbaridades urbanas del norte. Pensar en estos días que progreso es tener torres altas, grandes malls, comida chatarra, tráfico infernal, “sofisticados” transportes, basura por toneladas y otras sandeces grandilocuentes para una ciudad (y sociedad) como la nuestra es —simple y llanamente— conservar el modelo neoliberal: es privilegiar el capital y no al hombre. Que se entienda de una vez: los edificios en altura son el ejemplo arquitectónico más funcional del capitalismo salvaje, y la concentración urbana es el resultado de un sistema dependiente y colonial que destrozó las sociedades latinoamericanas. Si seguimos esa ruta, vamos a rifar nuestro futuro.

Cualquiera que sea el destino de la penitenciaría de San Pedro, ruego por una opción digna que conserve la escala patrimonial de la plaza Sucre que, si la observas bien, es la única de esta ciudad que se salva de tener edificios en altura, todas las demás han sido violentadas por bloques de adefesiosa arquitectura.

La propuesta municipal plantea un parque cultural San Pedro, conservando el edificio patrimonial y prolongando la plaza Sucre. Otras voces claman por un auditorio o un gran teatro, los arquitectos reclaman un concurso público y los que buscan lucrar, sin piedad ni compasión, quieren construir grandes torres.

Que la visión certera del panóptico nos guíe. Miremos las alternativas y escojamos la que brinde al ser humano el “vivir bien”.

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