Columnistas

El Papa en Cuba

Cuesta separar el contenido religioso de la visita del Papa a Cuba con la connotación política

La Razón / Reymi Ferreira

01:18 / 30 de marzo de 2012

La visita del Sumo Pontífice a Cuba acaparó la atención mundial, debido a las características del régimen político imperante en la isla, cuyo Gobierno es uno de los pocos que aún se adhiere a los lineamientos del marxismo. Cuesta separar el contenido religioso de la visita con la connotación política. Para los críticos del Gobierno cubano, la visita no produjo los resultados que esperaban. No hubo actos de protesta en las calles, el Papa no recibió a los disidentes, el mensaje del Pontífice, además de ambiguo, no realizó ninguna condena, y el encuentro entre el Papa y el presidente  Raúl Castro transcurrió en un ambiente de cordialidad.

Medio millón de cubanos pudieron escuchar a Benedicto XVI en su alocución y el respeto al visitante fue total.  Las macabras historias de detenciones masivas, la censura a la actividad religiosa y otras historias que tejen algunas agencias internacionales de noticias fueron desvirtuadas con la visita que, transmitida en vivo y directo por la televisión, reflejó lo sucedido. El Papa, que adaptó su discurso a las circunstancias, no habló de miseria, no habló de justicia, como lo hizo antes en México, habló de apertura y de la libertad de conciencia, aunque no llevó dichas invocaciones al plano político. 

No se puede negar que desde sus inicios la revolución cubana tuvo la abierta oposición de la jerarquía católica, situación que distanció al Estado de la Iglesia, al extremo de adoptar el ateísmo como postura oficial, situación reflejada por el carácter laico y no confesional del Estado cubano.

De las rígidas posiciones de confrontación, con el paso del tiempo se ha llegado a posiciones de coexistencia y reconciliación. El libro de Fray Beto Fidel y la religión reflejó ese acercamiento.  La visita de Juan Pablo II hace 14 años y la apertura y liberalización de los cultos han generado un clima de cordialidad, que quedó reflejado en la reunión sostenida entre el  expresidente Fidel Castro y el Papa, quienes como dos viejos amigos conversaron de varios temas.  Pese a ello, apenas el 1% de los cubanos asiste a los cultos católicos y el porcentaje de creyentes en la isla es abismalmente menor que en otros países de Sudamérica, por lo que la presencia de medio millón de personas que escucharon el discurso del Papa en la Plaza de la Revolución sólo puede entenderse como una muestra de tolerancia y simpatía de la ciudadanía, que sin ser necesariamente creyente, escuchó con respeto al Santo Padre.

La pregunta al parecer ingenua de Fidel al Papa: “¿Qué hace un Papa?” es una muestra no sólo de curiosidad, es un cuestionamiento (expresado con respeto) a la acción de la Iglesia en los problemas del mundo, no siempre directa cuando se trató de criticar el genocidio, la intervención militar de las potencias imperiales y la miseria extrema.

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