Columnistas

Papa Francisco y Luis Espinal

Esperamos que estos acercamientos aceleren el reconocimiento oficial de Luis Espinal como mártir.

La Razón (Edición Impresa) / Xavier Albó

00:00 / 05 de julio de 2015

Entre las actividades del papa Francisco en su brevísimo paso por La Paz está su parada en la gran curva de la autopista a la altura del Plan Autopista. Ahí dará una bendición y tendrá un recuerdo específico para nuestro mártir Luis Espinal. Es muy de agradecer este gesto, que a lo más le ocupará cinco minutos, pero que será la culminación de otras varias actividades que se realizarán ahí mismo desde el mediodía, coauspiciadas por la Compañía de Jesús, sus diversas obras y colegios y las juntas vecinales del lugar, con una misa, grupos de canto, videos y otros. Además, a las 18.00, en el Palacio de Gobierno, el presidente Evo Morales le impondrá la nueva condecoración Luis Espinal recién establecida por el Senado.

Lo que muchos esperamos de estos acercamientos es acelerar el reconocimiento oficial de Luis Espinal como mártir, como ocurrió hace poco con Óscar Arnulfo Romero, hermanado con Espinal en las fechas de su asesinato martirial y en los motivos de coherencia evangélica entre lo predicado y lo realizado cotidianamente. Óscar Arnulfo, como arzobispo, pasaba cada semana su homilía por radio, de la que estaban pendientes todos los salvadoreños; mientras que el sacerdote Lucho Espinal usaba la prensa, el cine, las columnas de opinión, como un medio favorito para aplicar su vivencia evangélica a los problemas cotidianos de la gente.  

Ya está también disponible, desde el pasado viernes, el número 110  de la revista Cuarto Intermedio, de la Compañía de Jesús, dedicado al papa Francisco y los mártires recientes de América Latina. Se subraya ese nuevo estilo martirial, que ya no tiene que ver tanto con los conflictos entre religiones, sino con la manera que unos y otros, considerándose muchas veces ambos católicos y cristianos por sus raíces históricas, lo aplican de maneras tan distintas en su práctica cotidiana. Unos se encaraman a los grupos elitistas en el poder y, los otros, acompañan y apoyan a los marginados por los primeros. Y es en esa praxis donde aparecen realmente los valores evangélicos o antievangélicos de unos u otros; que a la larga los ha confrontado hasta el martirio.

En las páginas centrales de este número se reproduce también una pintura del Premio Nobel argentino Adolfo Pérez Esquivel, quien en medio de multitudes presenta juntos, cerca de Cristo, a tres mártires muy nuestros y paradigmáticos: dos obispos —el argentino Angelelli y el salvadoreño Romero— y entre ambos, de nuevo, nuestro Lucho Espinal.

Está también en la imprenta de Plural el texto más reproducido de Lucho Espinal, sus Oraciones a quemarropa, complementadas esta vez con la reproducción de bastantes tallados en madera del propio Luis, quien por ese medio plástico expresó también algunas de sus convicciones más profundas.

Se incluyen otros textos suyos más recientes, entre los que sobresale su propio testimonio sobre la Huelga de Hambre de 1979-80, objeto a su vez de otro tallado igualmente reproducido. La huelga la iniciaron cuatro mujeres mineras con sus 15 hijos, en plenas fiestas de Navidad; mientras la gente estaba interesada sobre todo en ese descanso. Pero con la inspiración silenciosa de Espinal, la Asamblea Permanente de Derechos Humanos organizó un primer piquete de apoyo, el cual, pasadas las fiestas, se multiplicó en decenas por todo el país con más de mil huelguistas y logró torcer la mano del presidente y dictador militar Hugo Banzer, obligándole a poner en marcha el retorno de la democracia en el país, que en medio de sus altibajos persiste hasta ahora.

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