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Papá Noel, pobreza y esfuerzo

La distorsión se genera cuando delegamos a un tercero la solución de nuestra pobreza

La Razón / Daniel Oporto es economista. / La Paz

02:00 / 19 de diciembre de 2011

En esta época de Navidad es cuando los niños empiezan a construir esa esperanza de que además de la celebración religiosa existe un personaje que, sin verlo o conocerlo, nos traerá muchos regalos. No sólo eso, dicho personaje además nos da la opción, a través de la gentil intermediación de los padres, de pedir y escoger cierta cantidad y tipo de regalos.

En general, la aspiración de recibir presentes del cielo y sin esfuerzo, arraigada hoy entre los niños, no tiene distorsión alguna en la medida que se reduzca al entorno de una tradición familiar y en un periodo muy corto del año.

El primero error, defecto o distorsión se produce cuando esa aspiración de que siempre y todo el año llegarán bienes, regalos y dinero del cielo se traduce en una tradición, y lo lamentable es que muchas veces se generaliza entre adultos. El elemento profundo de esta distorsión es el hecho de esperar bienes o dinero de algún lugar inesperado sin esfuerzo alguno.

El segundo error, defecto o distorsión se produce cuando esta aspiración generalizada ocurre en países pobres o en vías de desarrollo, ya que para revertir la pobreza y adversidad se requiere de capacidad creativa, aspiración al crecimiento, esperanza de desarrollo, todo ello basado en el esfuerzo propio o colectivo, pero de ninguna manera sobre la base de la dependencia de que el bienestar y/o la riqueza nos llegará del cielo. La distorsión se genera cuando, como país o colectividad, delegamos o transferimos a un tercero la solución de la pobreza, siendo que a veces el tercero nunca llega o lo hace con condiciones desfavorables; y en no pocas ocasiones esas condiciones generan mayor situación de dependencia y pobreza.

La tercera distorsión se produce cuando los padres de familia,  con la mejor intención y la máxima expresión de amor hacia sus hijos, deciden subsidiar su bienestar aun cuando los hijos son adultos. Hay que reconocer que este tema es de mucha controversia  y merece una profunda investigación, por cuanto toca temas culturales y de costumbres, en familias, comunidades y países desarrollados y en vías de desarrollo. Sin embargo  la premisa es que los padres ayuden a sus hijos a desarrollar habilidades sociales, técnicas y transversales lo más temprano posible, asumiendo que ellos pueden faltar en cualquier momento. Esta relación entre padres e hijos funciona muy bien como metáfora de la relación del Estado con sus habitantes. ¿Cuál es el mejor rol del Estado para construir las habilidades de sus habitantes y promover crecimiento, bienestar, competitividad y reducción de la pobreza?

En general, la experiencia de muchos países que han logrado salir de la pobreza, lo han hecho primero generando riqueza; y sobre todo creando las condiciones e incentivos para que los actores económicos (sean pequeños, medianos o grandes) puedan crear riqueza en un entorno de inclusión económica y social.

Una persona, una familia y/o un país que aspiran a tener mejores días de bienestar y desarrollo no pueden pretender que dicho bienestar llegue del cielo, de nuestros padres y/o del Estado; y peor aún sin ningún esfuerzo. Pero al mismo tiempo, los padres, las autoridades y líderes de comunidades y países tienen la responsabilidad de transmitir a sus hijos, seguidores y habitantes que el crecimiento y el logro del bienestar requiere esfuerzo, trabajo duro y también desarrollo de habilidades específicas.

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