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Paradoja

La paradoja que hoy vivimos tiene que ver con el absurdo y las apariencias. Con la mentira, pues.

La Razón (Edición Impresa) / Ana Rebeca Prada

03:37 / 13 de febrero de 2013

No voy a utilizar la acepción retórica usual de esta figura: “empleo de expresiones o frases que envuelven una contradicción” (DRAE 1), una contradicción aparente, agregaría Antezana (Elementos de semiótica literaria). No. Voy a utilizar la acepción que reza: “Aserción inverosímil o absurda, que se presenta con apariencias de verdadera” (DRAE 2). Porque, claro, la paradoja que vivimos no tiene que ver con la reflexión y la comprensión en el choque de aparentes contrarios, sino con el absurdo y las apariencias. Con la mentira, pues.

Ejemplo 1. He escuchado una vez más que la clase empresarial boliviana (banqueros, agroindustriales, etc.) está percibiendo ganancias como nunca antes en las últimas décadas. O sea, los ricos se están haciendo inmensamente más ricos. “Es tan grosero lo que están ganando los banqueros, que hasta da vergüenza hablar de esas cifras en un país como Bolivia”, dicen. Al mismo tiempo, la clase profesional que percibe sueldos del Estado viste una camisa de fuerza: no puede ganar más de lo que gana el Presidente. Núcleo de la paradoja: el Gobierno “socialista” enriquece sin límites a los empresarios mientras asfixia a la clase profesional del Estado.

Ejemplo 2. Supuestamente el límite de sueldo en el Estado fue creado por aquello de que la gente debe aprender a vivir modestamente, en una economía del tamaño del país. Al mismo tiempo, la corrupción se ha propagado como nunca en los ministerios y demás reparticiones del Gobierno; el Presidente, referente para los sueldos, puede ahorrar lo que gana, pues el país se hace cargo de sus necesidades; los contrabandistas nunca fueron tan poderosos como hoy; el narcotráfico florece; y los profesionales (digamos los del sistema universitario público y otras instituciones estatales) deben mirar aquello callada la boca, mientras se enteran de las mega-cifras de las ganancias privadas.

Ejemplo 3. El Presidente se dirige a comunidades campesinas diciendo que el país precisa de profesionales, que Bolivia no tiene profesionales. Al mismo tiempo, decenas de miles de profesionales asfixiados en sueldo y alienados del “proceso de cambio” (frasecita que provoca una sonrisita socarrona en los que se están enriqueciendo a manos llenas) se han visto despedidos de sus cargos, insultados porque son librepensadores, excluidos porque todo lo que no sea fidelidad ciega al partido de gobierno no sirve, alejados porque la mentira estructural que vivimos los ha convertido en sujetos no deseables. Años y años de formación profesional, de producción intelectual; años y años de experiencia en cultura, educación, análisis político y económico, en cuestiones constitucionales, en asuntos indígenas y de género, y… “no tenemos profesionales en Bolivia”.

No estamos viviendo sino una versión siniestra de la paradoja: como mentira, como absurdo.

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