Columnistas

Paradojas místicas

Las idénticas vidas de Cristo y Apolonio hacen pensar en que fácilmente uno podría sustituir al otro

La Razón / Ricardo Aguilar

04:57 / 22 de abril de 2012

A pocos días de Semana Santa, se hablará de Apolonio de Tiana, un místico más o menos contemporáneo a Cristo con una vida muy semejante a la del considerado salvador en el cristianismo. De hecho, sus vidas son tan afines que si Cristo dio pie a una religión que hoy domina políticamente parte del mundo, bien podría haberlo hecho Apolonio, y hoy no se hablaría de cristianos, sino de apolonios.

Lo que se sabe de ambos confunde lo histórico con el mito. Apolonio nace entre el 3 y 4 d. C. (concebido por su madre en un sueño místico). En su época fue comparado con Jesucristo, quien para ese tiempo recién había sido convertido en hijo de Dios por los escritos de Saulo de Tarso, San Pablo, aunque los cristianos eran perseguidos. El asunto es que Apolonio viajaba por el mundo con un séquito de discípulos predicando la paz y el amor, curando enfermos y reviviendo muertos como si nada; también se dice que podía desaparecer a voluntad. Viajó a la India a aprender de los gimnosofistas (filósofos asetas de la India, yoguis) y terminó siendo admirado por éstos.

Los elementos coincidentes de la vida de Apolonio lo hacen potencialmente igual a Cristo. Tal vez lo que le faltó fue un discípulo del talento de Saulo para consagrarlo como salvador. Acusado de realizar magia fue encarcelado por el emperador Domiciano, y murió poco después de ser exiliado de Roma.

Lo que la comparación de dos sujetos históricos similares con diferentes destinos hace es poner en cuestión la noción de “verdad histórica” a favor de una “coincidencia histórica” que puede determinar el mundo, lo que finaliza por ser paradojal.

Tal vez dentro de esta figura de pensamiento (la paradoja) es donde está lo más rico de las interpretaciones hechas del cristianismo. Recuérdese las Tres versiones de Judas de Borges, donde ficcionalmente se llega a la conclusión de que Judas era el salvador, por posibilitar con su traición y humilde silencio la crucifixión de un inocente.  Más cercano es el caso del profeta Antonio Conselheiro en los desiertos del Sertón brasileño a fines del XIX. Recién creada la República del Brasil, los yagunços se oponen al fin de la monarquía y fundan Canudos, donde viven un asetismo cristiano riguroso bajo la tutela de Conselheiro. Hasta aquí no hay paradoja, aunque en realidad ésta se invertirá al lado de un Estado naciente que habla de igualdad y masacra a los sertones en nombre de ella.

Más cerca aún, siguen las paradojas místicas, un marxista y ateo  de corazón (García Linera) propone a Orinoca como un lugar sagrado por el nacimiento de Evo Morales (un cocalero a quien la espiritualidad parece no quitarle el sueño).

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