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Paradojas paraguayas

Paraguay se debate entre la paradoja de la indiferencia interna y el aislamiento externo

La Razón / José Rafael Vilar

03:04 / 10 de julio de 2012

Paraguay hoy se debate en la paradoja de la indiferencia interna y el aislamiento externo. Indiferencia que la gran mayoría del país tuvo para su expresidente Lugo (cuando gobernaba y, luego, destituido) y que también ha recibido el actual, Franco.

Fernando Lugo llegó en 2008 a la presidencia después de cesar como obispo y sacerdote, postulado por el pequeño Partido Demócrata Cristiano y dentro de la Alianza Patriótica para el Cambio; heterogénea coalición de más de una docena de partidos y movimientos sociales, cuya principal fuerza electoral era el Partido Liberal Radical Auténtico, el principal opositor del partido en gobierno (el Colorado) que, junto con el Liberal, existente desde el siglo XIX. Las banderas políticas de la alianza estaban principalmente fundadas en sacar a los Colorados del poder (62 años consecutivos) y solucionar el problema de la tierra, el principal motivo de convulsión del país. Según el Banco Mundial, 2% de las propiedades, muchas en manos de brasileños, ocupan el 82% de la tierra explotada, siendo el país de mayor concentración a nivel mundial, según la FAO.

La primera paradoja fue la alianza: unión de intereses diametrales, con integrantes desde la izquierda radical (al obispo Lugo se le acusó de proteger a militantes de dos guerrillas locales) hasta otros de centro derecha; combinación conflictiva que terminó por fracturarse. La segunda paradoja es que, a pesar del boom de las exportaciones de soya, carne y otros productos agrícolas (que permitieron crecimientos de su PIB muy por arriba de la media regional) y de sus promesas electorales, la administración Lugo no tomó medidas agrarias. La tercera es que los conflictos internos de la cada vez más disminuida alianza llevaron a la mencionada indiferencia de la población con su gestión —sumados los escándalos de paternidad que involucraron al exobispo y su reciente enfermedad— y a proyectar el regreso electoral del Colorado en 2013.

Destituido por el Congreso en un juicio (legal conforme al artículo constitucional 225, pero cuyo proceso fue controversial, de acuerdo con otro artículo, el 17), Lugo ha fluctuado de la aceptación inconforme al enfrentamiento crítico, según recibe apoyos externos. Para el Gobierno sustituto, ha significado el aislamiento expedito del Mercosur (controversial y acompañado de la renuncia de su secretario general, Samuel Pinheiro Guimaraes, por “falta de apoyo político y de presupuesto”) y de Unasur, ambas promovidas por Argentina y Venezuela —la suspensión de Paraguay le permitió entrar en el Mercosur, detenida por el Congreso paraguayo—, pero sin sanciones económicas y hasta las elecciones.

Pendiente aún la decisión de la OEA, para aumentar la controversia, Paraguay ha denunciado injerencia del Canciller venezolano al pedir a los principales jefes militares locales que no reconocieran la destitución. Paraguay, una vez más en su historia, está en una crisis coyuntural con sus vecinos, y sin poder resolver otra estructural: la propiedad de la tierra. Como enfrente ambas, marcará sus próximos años.

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