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Paralelas

A pesar de sus rencillas intelectuales, Ernesto Laclau y Eliseo Verón tenían varias cosas en común

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Komadina Rimassa

00:24 / 24 de abril de 2014

A pesar de sus rencillas intelectuales y políticas, Ernesto Laclau y Eliseo Verón tenían varias cosas en común. Ambos nacieron en Buenos Aires en 1935. Ambos murieron en abril de 2014, recientemente, con solo dos días de diferencia. En la década de los años 50 formaron parte del grupo editor de Contorno, una revista de literatura y política publicada en Buenos Aires. Sus reflexiones teóricas, finalmente, tuvieron como objeto privilegiado al discurso, una categoría a través de la cual intentaron comprender cómo el lenguaje podía construir realidades, sujetos e identidades políticas. Vidas y obras paralelas, sin intersección.

Ernesto Laclau leyó y reinterpretó a Saussure, Gramsci y Lacan para elaborar una original teoría del populismo, que logró revertir los estigmas y estereotipos que envuelven ese término, desdeñado por la ciencia política y el sentido común. El fenómeno populista es una construcción del discurso y puede ser definido como una lógica de articulación de demandas sociales “diferenciales” que se relacionan y conforman una poderosa “equivalencia” capaz de producir una ruptura del orden político. La política sería por tanto el conjunto de “juegos de lenguaje” o discursos mediante los cuales los sujetos articulan sus demandas y que según la contingencia pueden o no adquirir legitimidad.

Eliseo Verón recogió la herencia de Saussure, Frege, Peirce y Eco. Renovó los estudios semióticos orientándolos hacia el estudio del poder y de los fenómenos políticos. Su ambición fue desarrollar una nueva disciplina, la “semiosis social”, para escudriñar los lenguajes y los discursos sociales, la incesante producción e interpretación de sentidos. De hecho, en su obra la política constituye una poderosa “práctica significante” que se expresa en signos o textos.

Desde marcos analíticos diferentes, ambos autores reflexionaron sobre el antagonismo como el rasgo definitivo de la política. El antagonismo es para Laclau lo propio del discurso político e involucra la permanente construcción de una frontera discursiva y simbólica entre amigos y enemigos. La confrontación, la lucha, entre fuerzas políticas fisura la capacidad de las instituciones para lograr consensos o arreglos entre los oponentes. Para Verón, el campo discursivo de lo político implica siempre un enfrentamiento, la construcción del enemigo y la discriminación entre “nosotros” y ellos”. El discurso político involucra siempre o casi siempre el uso de la palabra “adversativa”, que define la posición del adversario.

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