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Paraninfo

Una restauración adecuada respeta la estructura, la decoración y los materiales originales

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Villagómez

01:33 / 08 de diciembre de 2015

Después de 60 años la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) remodeló el Paraninfo, el salón de eventos del Monoblock, obra maestra de la arquitectura boliviana de Emilio Villanueva. Como soy parte de esa comunidad académica y política que se distingue por la libertad de pensamiento, el pluralismo de ideas y su capacidad autocrítica, me permito disentir con ese trabajo.

En primer lugar, porque el conjunto de la Av. Villazón es patrimonio y merecía una restauración como disponen los preceptos y legislaciones al respecto. Una restauración correctamente realizada respeta la estructura, la decoración y los materiales originales; pero no lo hicimos así. Transformamos la idea de Villanueva, que era sobria y discreta, y nos explayamos con una decoración rimbombante propia de estos tiempos de exageraciones y banalidades.

Alguien decidió cubrir todas las paredes con un revestimiento de madera, que lleva cruces andinas o chakanas por docenas. He contado más de 50 chakanas. Una cantidad que supera en número a todos los símbolos originales del Monoblock. No contento con ese número, el autor decidió poner en el plafón otra enorme chakana realzada con una luz led indirecta de un color azul discoteca. Esa chakana está rodeada por casi dos centenares de spots (también los he contado), una exageración en puntos de luz. El único símbolo neotiwanakota original de Villanueva, que remataba el escenario, también fue “realzado” con una tira de luz led de ese sonoro color azulino. Diría sin retaceos que esta decoración es una muestra más del horror vacui que explota en este nuevo milenio. El Paraninfo original, que era de una sobriedad espacial y conceptual, ahora brilla como una disco.

Muchos colegas y autoridades están contentos con esta decoración. Eso demuestra que, como en la ciudad, en una comunidad académica también somos radicalmente distintos en nuestras apreciaciones estéticas y culturales. Pero, más allá del gusto, una verdad es incontrastable, somos una sociedad que no aprecia ni distingue la buena arquitectura, sea del estilo que sea. Y, lo que es peor, tampoco valora el patrimonio edificado. Cada generación quiere empezar de cero y cree que la historia empieza a partir de ella. Nada es estable, todo cambia y arrasamos con fruición para edificar o decorar con patente mediocridad. Por ello, las palabras modernidad, progreso o desarrollo, en boca de políticos o empresarios con mucho poder económico y poca estética, me causan pavor.

Me queda el consuelo de que este trabajo en el Paraninfo es reversible. Quizá una futura generación académica rescate el diseño original de ese espacio para honrar la memoria del más grande arquitecto boliviano.

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