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De París con amor para el lago Poopó

Mientras la tragedia del lago Poopó es una pequeña muestra de lo que se avecina, la Cumbre del Clima de París nos enseña que la verdadera solución no vendrá de negociaciones internacionales. El futuro de la vida como la conocemos depende de lo que hagamos hoy los habitantes de abajo del planeta azul.

La Razón (Edición Impresa) / Pablo Solón Romero

00:44 / 21 de diciembre de 2015

El lago Poopó se transforma en un de- sierto mientras en París los gobiernos celebran un acuerdo que califican de “histórico” para enfrentar el cambio climático. ¿Salvará el acuerdo de París a más de 125.000 lagos que están en peligro de desaparecer en el mundo debido al cambio climático?

El segundo lago más grande de Bolivia no desapareció por arte de magia. Las causas de su desaparición son varias y complejas, pero entre ellas destaca el incremento de la temperatura y la mayor frecuencia de desastres naturales, como el fenómeno El Niño, provocados por el cambio climático. El lago Poopó, que tenía una extensión de 2.337 km2 y una profundidad de 2,5 metros, hoy es un desierto con un par de charcos al medio de no más de 30 centímetros de profundidad.

Si la temperatura promedio subió en 0,8 ºC en el ámbito mundial debido al cambio climático, en el lago Poopó ese incremento llegó a 2,5ºC y a su paso quedaron miles de peces muertos, barcos pesqueros anclados en la tierra, cadáveres de flamencos y cientos de comunarios que por siglos se dedicaron a la pesca y que hoy deambulan pidiendo auxilio pensando en un futuro incierto. Ése es el verdadero rostro del cambio climático que se expande como un cáncer por todo el planeta. 

ESQUIZOFRENIA. París y la ruptura con la realidad. La esquizofrenia es un desorden mental por el cual una persona rompe con la realidad y cree que está haciendo una cosa cuando en realidad hace algo muy distinto. Algo muy semejante está ocurriendo con los gobernantes y el acuerdo climático de París. En su artículo 2 dicho acuerdo dice que su objetivo es limitar el incremento de la temperatura a menos de 2ºC de los niveles preindustriales e incluso plantea hacer todos los esfuerzos para estar por debajo de un incremento de 1,5ºC. Estas palabras le hacen pensar a uno que el espíritu del lago Poopó y de miles de otros lagos, nevados, islas y cientos de miles de seres humanos que mueren al año por el cambio climático ha tocado por fin el corazón de los gobernantes del planeta.

¡Pero, un momento! En el parágrafo 17 de la decisión que aprobó el “histórico” acuerdo de París se afirma “con gran preocupación” que la suma de todas las contribuciones de reducción de emisiones presentadas por todos los países NO nos llevan a un escenario de menos de 2ºC. En otras palabras: una cosa es el amor que profesan los políticos del mundo por lagos como el Poopó y otra cosa muy distinta es lo que en realidad están dispuestos a hacer.

Para realmente controlar el incremento de la temperatura y evitar que el planeta se cocine con un incremento de más de 2ºC, tenemos que dejar el 80% de las reservas conocidas de combustibles fósiles bajo la tierra. Esto comprende los hidrocarburos (petróleo y gas) y el carbón. Pero cuando uno lee con detenimiento el acuerdo climático no hay ninguna referencia a poner un límite a la extracción de combustibles fósiles.

La otra medida urgente para evitar que más gases de efecto invernadero vayan a la atmósfera es eliminar la deforestación. No obstante, en sus llamadas “contribuciones” los países que tienen grandes extensiones de bosques no se comprometen a erradicar este crimen ni siquiera en los próximos 15 años.

En general, gracias a las “contribuciones” de reducción de emisiones presentadas en París, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero que en 2012 eran de 53 Gt de CO2e, seguirán subiendo hasta llegar a las 60 Gt CO2e en 2030. Si los gobiernos realmente quieren limitar el incremento de la temperatura a menos de 2ºC, deberían comprometerse a reducir las emisiones mundiales a 35 Gt de CO2e para 2030. Los gobiernos saben que es así y sin embargo hacen lo contrario y de paso gritan: ¡Victoria! ¡El planeta se ha salvado! ¿Es o no es un tipo particular de esquizofrenia?

Mientras tanto, a más de 10.000 kilómetros de distancia de París los rayos del sol continúan evaporando un lago donde sobreviven los Urus, un pueblo primigenio de las Américas también conocido como los “Hombres del Agua”.  Estos habitantes milenarios, que algunos estudiosos dicen que vinieron hace miles de años de la Polinesia, muy pronto serán los “hombres del desierto”.

CRÍMENES. Impunidad y crímenes climáticos. Si de algo podemos estar seguros es que los Urus no son culpables del cambio climático. Sus emisiones per cápita de gases de efecto invernadero son de las más bajas del planeta, sin embargo son una de las primeras víctimas del cambio climático. ¿Será que el acuerdo de París permite a los Urus demandar a los países responsables por este etnocidio? Al final de cuentas, el artículo 8 menciona un mecanismo de daños y pérdidas.

El párrafo 52 de la decisión que aprobó el acuerdo de París aclara tajantemente que el artículo 8 “no da ninguna base para pedir ninguna compensación o indemnización”. Los Urus, así como miles de pueblos en todo el mundo que no provocaron el cambio climático, han sido totalmente silenciados por este acuerdo esquizofrénico que menciona los “derechos de los pueblos indígenas” en su parte preambular para a renglón seguido prohibirles el derecho de enjuiciar a los responsables de este crimen climático. ¡¿Qué derechos son estos que no son exigibles?! Y todo “made in París” que es la ciudad luz de los derechos del hombre.

Algunos responderán: no se les da el derecho a enjuiciar pero habrá un fondo millonario para mitigación, adaptación y daños y pérdidas. ¿Este fondo será provisto por los países culpables del cambio climático? La verdad es que los países desarrollados hábilmente reemplazaron la palabra “proveer” por “movilizar”. El artículo 9 del acuerdo dice que “los países desarrollados deberían continuar tomando el liderazgo para movilizar recursos para el financiamiento climático de una serie de fuentes”, como ser fondos públicos, inversión privada, préstamos, mercados de carbono e incluso de los propios países en desarrollo.

¿Y cuánto “movilizarán” los países desarrollados? ¿Un monto similar a su presupuesto militar y de defensa que asciende a los 1.500 billones de dólares? ¿O será la mitad? Al final de cuentas, el problema más importante de seguridad humana en el planeta es el cambio climático. El acuerdo de París calla la cifra, pero la decisión que lo aprueba la aclara en sus párrafos 54 y 115. Serán 100 billones de dólares recién para 2020-2025, es decir el 7% de su presupuesto militar en el ámbito mundial.

Mientras la tragedia del lago Poopó es una pequeña muestra de lo que se avecina, la cumbre del clima de París nos enseña que la verdadera solución no vendrá de negociaciones internacionales en las cuales pesan más los intereses de las grandes corporaciones y los gobiernos de turno. El futuro de la vida como la conocemos depende de lo que hagamos hoy los habitantes de abajo del planeta azul.

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