Columnistas

Paulo Coelho vs. James Joyce

Unas cuantas páginas del humor narrativo de Joyce son más terapéuticas que 500 libros tipo Paulo Coelho

La Razón / Wálter I. Vargas

01:58 / 01 de diciembre de 2012

El Ulises de Joyce le hizo mucho mal a la literatura”, acabo de enterarme que ha dicho el celebérrimo Paulo Coelho. Hasta ahora, sólo sabía lo muy interesado que siempre ha estado en suministrar medicinas verbales a la humanidad a cambio de luengas ganancias. Ahora también sé que le interesa la literatura. Claro que su interés quizá resida más bien en el deseo de desacreditarla de una vez por todas; de otra manera no se explica cómo pudo habernos infligido todos sus libros, incluido casi con seguridad este último,

El manuscrito encontrado en Accra, a propósito de cuya aparición el carioca escritor se ha expedido con esas curiosas palabras (por decir lo menos, viniendo de quien viene). ¿Y por qué Joyce habría hecho tanto mal a la literatura? Porque nadie lo ha leído y todos dicen que lo han leído, aclara el gran best seller.

Romper una lanza en este duelo quizá sea perder una lanza tontamente, pero puede tener su utilidad si nos ponemos a pensar que Coelho es prácticamente el príncipe de los ingenios de los libros más populares de este inicio de siglo, y tiene todos los ingredientes entre memos y jocosos de la literatura de ayuda para una humanidad infantilizada. Pruebas al canto: “No hay arma más poderosa que las palabras”; “La derrota nos hace perder una batalla o una guerra. El fracaso no nos deja luchar”; “No intentes agradar a todo el mundo, o perderás el respeto de todos”, cuenta la nota de prensa que se puede encontrar en el libro de Coelho.

Con eso basta, creo yo: no leo El manuscrito encontrado en Accra ni ante un pelotón de la Policía de Accra que me ofrezca indulto a cambio de pasar el resto de mi vida estudiando la obra de Coelho. Pero si el lector quiere más entretenimiento, vea cómo el autor quiere que se lea su libro: “puede desmenuzarse en tuits y leerse a modo de guía de valores a la que agarrarse en estos tiempos de depresión”. Y así, confiado en que todos estamos deprimidos (por lo cual necesitamos su libro), Coelho se dedica a tuitear a Joyce (dice, escandalosamente, que el Ulises puede ser “reducido a un tuit”), en vez de ustearlo, como debiera ser si el mundo fuera mejor.

Mejor ocupémonos de Ulises. Hay una parte en que uno de sus muchos personajes define de pronto y magníficamente a la historia como una “pesadilla de la que nunca se ha de despertar” (capítulo 4 de la segunda parte, página 151, de la famosa edición de Santiago Rueda, que es la única que conozco). Un muy buen lector de Joyce, Gilmar Gonzales, tuvo a bien llamarme la atención sobre otro lugar donde, esta vez, es Esteban Dédalus quien dice algo muy parecido: “La historia —afirmó Esteban— es una pesadilla de la que estoy tratando de despertar” (página 60). No sé si los abundantes estudiosos de la novela han examinado ya este dato, pero da sin duda para hacerlo, porque entre ambas frases hay una contradicción que marca precisamente la riqueza del enorme dorso narrativo de Joyce, cosa tan lejana de la univocidad previsible de la literatura tipo Coelho. La primera frase es pesimista, claro, porque asegura que estamos condenados a vivir y soportar la historia; mientras la segunda, como que pertenece al artista exadolescente, en buena medida álter ego de Joyce, es más promisoria, intenta liberarse del acontecer humano, tan humano. Vaya como modesto ejemplo este pequeño detalle del monstruo novelístico que son las 702 páginas de Ulises, para poner las cosas en su lugar sobre el atrevimiento de Coelho.

Como se dice en los discursos: para terminar, es cierto, Ulises no es fácil de leer y exige la inversión de grandes cantidades de energía, tiempo y concentración; hay partes excesivas y pesadas (todas las obras maestras parecen tener problemas parecidos). También es cierto que con Finnegans wake se pasó de la raya e hizo algo ilegible e insoportable. Pero unas cuantas páginas del humor narrativo de Joyce, de su loca minuciosidad para construir sus personajes o la acción, son más terapéuticas que 500 libros de Oshos, Coelhos, Deepak Chopras y tutti quanti. Sea dicho desde esta humilde columna para restituir la honra de la literatura.

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