Columnistas

De La Paz su desarrollo

La Paz debería aprovechar la gran ventaja de ser una ciudad panorámica para atraer turistas

La Razón / Iván Finot

00:50 / 09 de julio de 2013

Tiene La Paz algo potente, que sea único, algo de exportación, con lo que todos podamos progresar? ¡Sí!, es sin duda una de las ciudades más panorámicas del mundo. Y a ello se añade nuestro precioso invierno, con su cielo de un azul inmaculado, su artesanía y su folklore ¡con 380 celebraciones barriales!, y —tal vez aún más importante— su historia. Sí, La Paz tiene características únicas, que pueden ser aprovechadas económicamente en forma casi ilimitada y así liberar nuestra economía de su dependencia casi total de ser “sede de gobierno”.

Todos los años, desde mayo hasta septiembre, La Paz debería dedicarse a aprovechar la gran ventaja de ser una ciudad panorámica por excelencia para atraer turistas, de dentro y de fuera del país. Construir y preparar su infraestructura para facilitar recorridos por las laderas, para desde allí contemplar sus valles urbanos, incentivar que quienes habitan las pendientes pinten sus casas y aquéllas se vistan de colores, como era antes, en vez de ofrecer sólo monótono ladrillo (rebaja de impuestos al que lo haga); aprovechar el teleférico (¡que haya más!), organizar recorridos, controlar que alojamientos y restaurantes de la zona de San Francisco sean higiénicamente impecables (además, ¿por qué esos hotelitos y alojamientos aún no tienen todos calefacción como los de Potosí?), garantizar la seguridad desplegando guardias no corruptos. Estimular que las agencias de turismo organicen paseos al Titicaca, a los Yungas…

Y narrar durante los recorridos a través de los maravillosos paisajes de la ciudad y sus alrededores las gestas de nuestra historia. Sobre todo la de las huestes de Túpac Katari: lucha heroica de piedras contra fusiles, donde por cada 100 originarios que morían a bala, un español o un criollo caía herido con un piedrazo en la cabeza. Pero a pesar de todo, invencibles, por su número y su conocimiento del terreno. Hacer un monumento en Pampahasi, desde donde no sólo eran inexpugnables, sino controlaban la excelente producción de Potopoto (hoy Miraflores) y, sobre todo, el ingreso de la coca, con cuya venta sostenían los inagotables gastos de la guerra. Continuar el recorrido y narrar cómo los alzados, cuando Pampahasi iba a ser finalmente tomada por tropas armadas hasta los dientes, se fueron por los cerros hasta Las Ánimas y allí reorganizaron otra vez la resistencia, construyendo una larguísima trinchera. Y finalmente llegar al lugar de la resistencia final, al pie del Illimani, y rememorar su posterior escape hacia los Yungas, por el Takesi.

De mayo a septiembre... nuestra mejor estación; no sólo por nuestro soleado y benigno invierno, sino por la fiesta del Gran Poder, la entrada Universitaria, las fiestas julias.

Lograr un alto en los bloqueos, marchas y dinamitazos durante esos meses —¡sólo unos meses!— para dedicarnos a acoger a los turistas. Que, para evitarlos, la municipalidad ayude a posibles marchistas a gestionar justas reivindicaciones. Que todos se preparen, incluidos hoteles y restaurantes a lo largo de las carreteras de acceso desde el interior o desde Perú y Chile, que tampoco allí haya bloqueos; hacer campañas por televisión para que todos recibamos con cortesía a los visitantes; ayudar a orientarse a los miles de turistas que llegarán del interior, que llegarán de fuera, colocando letreros con los nombres de las calles y números en cada casa: un número único definido con GPS.

Lograr turismo internacional, además del nacional, no es difícil, sólo es conseguir que crecientes porcentajes de los centenares de miles de turistas que llegan al Cuzco de todo el mundo aprovechen para visitar la panorámica, la única por su historia, ciudad de La Paz.

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