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La Paz

Ojalá las fiestas julias sean ocasión para despertar  estos potenciales paceños

La Razón (Edición Impresa)

00:31 / 10 de julio de 2015

En el mes de las fiestas julias y a pocos días de la efeméride paceña, vale un comentario a vuelo de pájaro sobre un territorio de añejas leyendas, donde la historia comienza mucho antes de los imperios quechua y aymara, mucho antes de casi todo lo que vemos en el subcontinente. Las milenarias ruinas de Tiwanaku ya nos hablan del uso de metales (oro, cobre, plata) y también de tecnología que puede competir con la actual; al recorrer y explorar la extensa geografía de este departamento uno se encuentra con esa realidad.

Sin embargo, la cualidad de sede de gobierno de la urbe paceña causa que el ciudadano de estas tierras, enfrascado siempre en el quehacer político de la patria, tenga muy poco interés para entender este potencial y lo importante que sería desarrollarlo. Cuando se habla del oro del norte del departamento, la gente tiene la imagen de cooperativistas, barranquilleros y garimpeiros rascando la tierra para extraer gramo a gramo el oro de gravas y arenas de aquellos ríos tan lejanos; o la de hombres explotando delgados filones de cuarzo con oro en las alturas cordilleranas.

Empero, la realidad es otra, la cuenca alta de los grandes ríos que drenan al Amazonas es la provincia aurífera más importante de Sudamérica, de donde se han sacado más de 30 millones de onzas del preciado metal, y donde aún hay reservas de ese calibre que se están dilapidando (gramo a gramo) en aquellas tierras en las que la presencia del Estado es, cuando menos, irrisoria. La zona cordillerana donde están los filones primarios, pese a los esfuerzos de nuestro Servicio Geológico (Sergeomin ahora) todavía no se acaba de investigar; el Cinturón Estannífero donde se ubican minas como Viloco, Caracoles o Colquiri, tampoco; en la tierra de los Hombres Pájaro (provincia Pacajes o Paca Jakes, en alusión al significado) duermen el sueño de los justos antiguas minas de cobre intermitentemente investigadas por Comibol, así como también viejas minas de plata como Choquepiña, Berenguela, Jockolluni, Pacocahua, etc., con plata córnea en sus afloramientos (un cloruro de plata llamado querargirita), que son el recuerdo de los primeros intentos mineros de los colonizadores al llegar a estas altas tierras. En años más recientes, y producto del boom de exploraciones de los años 90, se generaron varios proyectos mineros de oro, plata y metales base en el departamento, los cuales fueron dejados a medio camino por la inestabilidad política del país y en espera de nuevas reglas de juego para el capital privado, que puedan viabilizar y garantizar la generación de minas de clase mundial.

Al norte y en la franja casi inaccesible limítrofe con Perú (Apolo- Ixiamas) se detectaron anomalías de oro, plata, platino, níquel; y alguna investigación en un pequeño arroyo tributario del río Tuichi halló un diminuto diamante, que de confirmarse podría significar otra historia de la exploración minera en el país. Podemos seguir con el oro del río Cotacajes (provincia Inquisivi), donde exploradores de Comibol lo descubrieron en los años 80, con los afloramientos de carbón en la secuencia estratigráfica permocarbonífera o con el potencial de hidrocarburos del área de Liquimuni actualmente en exploración. Todo esto, sin contar el potencial agrícola y forestal de estas tierras, duerme la indiferencia de burócratas que no integran este potencial a los planes de desarrollo regional y caminero. Ojalá las fiestas julias sean ocasión de meditación y reacción proactiva para despertar estos potenciales paceños. 

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