Columnistas

Pecados ambientales

Quienes mucho hablan hacen poco por cumplir su propio decálogo para salvar el planeta

La Razón / Raúl Pérez Albrecht

00:30 / 07 de junio de 2012

En abril de 2008, en un acto público internacional, nuestro Presidente emuló a Moisés cuando bajó de la montaña con las tablas de la Ley, y presentó ante las Naciones Unidas diez mandamientos para salvar el planeta, remarcando que la Tierra es nuestra fuente de vida y que no era posible que el modelo capitalista imperante la convierta en mercancía.   

El primer mandamiento manda dar fin al sistema capitalista para salvar la Madre Tierra. Empero, la práctica muestra que se sigue negociando con empresas transnacionales para mercantilizar los recursos naturales, y así garantizar los fondos esenciales para el funcionamiento de nuestro país. No obstante, nos negamos rotundamente a recibir beneficios por conservar el medio ambiente, contribuyendo de esta manera a que las naciones poderosas sigan enriqueciéndose y contaminando.

El cuarto mandamiento promueve que el “agua es vida”. Sin embargo, la premisa parece ser la “carretera es vida”, ya que en la práctica se pretende afectar directamente un área protegida declarada como patrimonio por la CPE y las leyes nacionales, poniendo en riesgo una de las más importantes reservas de agua dulce del país.

El quinto mandamiento manda “respetar la Madre Tierra”; sin embargo el aparato productivo privado y público del país tienen un largo rosario de pecados, pues perdemos más de 300 mil ha de bosque por desmontes, destruimos áreas naturales a favor de obras civiles, no respetamos el uso de la tierra, no penalizamos las continuas contaminaciones generadas por la gran industria (minería, hidrocarburos, agropecuaria) y seguimos promoviendo prácticas agropecuarias depredadoras, afectando nuestra seguridad ambiental. 

El sexto mandamiento manda “priorizar lo que consumimos localmente”. No obstante, los incentivos a la producción y al consumo a recursos de nuestra biodiversidad siguen siendo bajos, la economía de estos recursos apenas alcanzan a $us 276 millones. El noveno mandamiento se refiere al “respeto de la diversidad de culturas y economía”. El discurso manda revertir la exclusión del movimiento indígena, pero en el caso del TIPNIS muestra que la máxima representación indígena ha sido excluida nuevamente, a favor de intereses de otros grupos sociales.

El décimo mandamiento, “vivir bien”, insta seguir el “camino indígena de la armonía con la naturaleza”. Empero, quienes pelean por esa premisa (ambientalistas, indígenas, ciudadanía) son denunciados de organizar “tramas monstruosas” para favorecer a potencias extranjeras para que se apoderen del control de la biodiversidad. Por todo lo señalado, queda de manifiesto que quienes mucho hablan hacen poco por cumplir su propio decálogo; y, por el contrario, fomentan con sus actos esta primera lista de pecados ambientales.

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