Columnistas

Pensar en las tradiciones

Ese movimiento en dirección al pasado no debe confundirse con una negación al crecimiento tecnológico

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Vargas

00:00 / 22 de enero de 2015

En ciertos países, durante los últimos años se ha estado trabajando por la recuperación y el renacimiento de sus tradiciones. Una determinación basada en intereses marcadamente políticos, pero las más de las veces en pos de contrarrestar su extrema occidentalización. Ese movimiento en dirección al pasado no debe ser confundido con una negación al crecimiento tecnológico o la liberación de costumbres que limiten el desarrollo de esas metrópolis, todo lo contrario, lo fundamental es la búsqueda de una identidad que recupere ciertas raíces a través de la revalorización cultural.

Es más que evidente que hasta la mirada superficial del visitante percibe hoy que las diferencias entre unas y otras ciudades desarrolladas son menores de lo que posiblemente fueron anteriormente. Esto porque se han reducido sus propias identidades singulares o muchas han quedado en el olvido. Su identidad radica esencialmente en la imagen de la urbe lograda a partir de obras relevantes de arquitectura o, en su caso, por el arte que conservan. De ahí el interés actual de esas ciudades por reconquistar el último bastión de sus tradiciones, el cual mostraría las diferencias entre un país y otro.

Cabe recordar que toda tradición pertenece al plano cultural y que es una manifestación ciudadana que cada sociedad considera valiosa y la mantiene para que sea aprehendida por las nuevas generaciones. Así, la identidad es un producto de la tradición que le confiere al pasado (en las costumbres de vida y los modos de pensar) el poder decir quiénes somos en el presente.

Sin embargo, lo dificultoso sucede cuando se elige y se busca conceptualizar una sola tradición. Escritos relatan al respecto que los griegos enviaron a Delfos para preguntar a Apolo qué ritos (religiones) debieran conservarse, y el oráculo respondió: “Al mejor”. Se referían a la mejor tradición a ser practicada. Esto, principalmente, por los permanentes cambios que toda tradición sufre en el tiempo.

La Paz es una ciudad que mantiene latentes sus tradiciones y hoy éstas forman parte de sus raíces. Algunas, como la Alasita, están tan arraigadas en sus costumbres que sus metáforas aún logran conquistar a la población. Por ello, cada 24 de enero no sorprende que propios y extraños acudan a las ferias que se instalan en las distintas zonas para comprar miniaturas que prometen prosperidad y bienestar. Otras, como la ch’alla del Carnaval, son homenajes de agradecimiento a la Tierra por los beneficios recibidos.

Está claro que toda tradición es un bien cultural que promueve hábitos, los cuales desarrollan un continuo aprendizaje en el tiempo y el espacio. Un hecho que es suficiente para mostrar cómo esta ciudad no solo ha conservado sus costumbres, sino que cada año las nutre como parte de su identidad. Algo loable mientras no limite “nuestra mirada hacia el futuro”.

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