Columnistas

Un Pentágono fuera de control

Bajo cualquier criterio normal, el desempeño del Pentágono sería considerado  un total fracaso

La Razón (Edición Impresa) / Fareed Zakaria

00:08 / 03 de enero de 2015

Puede ser que Chuck Hagel, exsecretario de Defensa de Estados Unidos, no haya sido capaz de trabajar con los miembros cada vez más poderosos del Consejo de Seguridad Nacional, pero esta discusión en torno a las personalidades no es acertada. Hoy en día, el factor clave para el éxito de un secretario de Defensa no es la habilidad para controlar a los funcionarios de la Casa Blanca, sino la habilidad de gestionar el Pentágono, la burocracia más complicada y disfuncional del mundo.

Ashton Carter, nominado como nuevo secretario de Defensa por Barack Obama, es un hombre brillante y tal vez se haya hecho nuevos amigos en la residencia presidencial en 1600 Pennsylvania Avenue. Sin embargo, la mejor cualidad a su favor es, por lejos, que parece entender la necesidad de tomar las riendas de un Pentágono que ahora se encuentra tan fuera de control y que es difícil de comprender plenamente.

Los republicanos tienen una gran preocupación por el disfuncionamiento en el Gobierno. Ponen en marcha investigaciones para encontrar por qué unos pocos cientos de millones de dólares fueron derrochados e insisten que los departamentos hacen más con menos. Con excepción de la burocracia gubernamental más grande del mundo, el Departamento de Defensa gasta cerca de $us 600.000 millones por año (más que el PIB entero de Polonia) y emplea a 1,4 millones de hombres y mujeres uniformados, 700.000 civiles y otros 700.000 contratistas a tiempo completo. Las cuentas del Pentágono son tan vastas y bizantinas que probablemente sea imposible realizar una auditoría rigurosa de éstas.

Aun así, un informe reciente de la Oficina de Control y Fiscalización del Gobierno realizó un esfuerzo valiente y concluyó que el presupuesto total está excedido, ya que los nuevos sistemas de armas se sitúan en torno a los $us 500.000 millones. El costo del programa F-35 Joint Strike Fighter se encuentra aproximadamente $us 150.000 millones por encima del presupuesto. En otras palabras, el exceso de costes de un sistema de armas ¡es más que el presupuesto total de defensa del Reino Unido y Francia juntos! Una nueva flota de helicópteros presidenciales fue descartada luego de que el costo de un solo helicóptero se acercaba al de un avión Boeing 747 jumbo. Y así sucesivamente.

En 1961 Dwight Eisenhower advirtió contra “influencias injustificadas” del “Complejo militar-industrial”. Cincuenta años después, el 15 de diciembre de 2011, para conmemorar el aniversario de la administración de Eisenhower, un renombrado experto en defensa argumentó que las cosas se habían tornado mucho peores y mucho más corruptas. Según dijo, el Congreso había capturado a todo el sistema, y agregó que ahora debería llamarse “Complejo militar-industrial del Congreso”. El experto habló del uso desenfrenado de las reservas, “proyectos favoritos del Congreso, no deseados por la administración, pero que ascienden a miles de millones de dólares anualmente y que (...) malgastan los recursos de los contribuyentes durante años y a veces décadas”. Criticó asimismo la puerta de vaivén entre el jefazo principal del Pentágono y cabilderos, y el método de comprar sistemas de armas fuera del mercado. El experto concluyó que a lo largo de la última década, “lo que aquí he descrito ha resultado como un imprevisto masivo para la industria. Pero para el contribuyente y para el combatiente ha sido una receta absoluta para el desastre”.

Esta crítica radical acerca del Pentágono provino del senador republicano John McCain. Muchas veces es apoyado en sus opiniones por el exsecretario de Defensa Robert Gates, quien en su reciente autobiografía describe al Pentágono como una “burocracia gigantesca y laberíntica”, hacia la cual había “declarado la guerra” para obtener resultados. Gates señala en su libro que el 40% de los gastos del Pentágono va hacia arriba y que 30 capas de empleados están entre el secretario de Defensa y el oficial.

Y luego está el programa de pensión del Pentágono, que es casi único por su generosidad. Luego de 20 años de servicio, uno puede jubilarse con pensión completa, indexada a la inflación y a la asistencia de por vida, de alta calidad Tricare, por la cual una familia paga alrededor de $us 500 por año. Así que alguien que ha servido con el uniforme de Estados Unidos podría jubilarse a los 38, luego tomar un nuevo empleo y recibir generosos beneficios del Gobierno por el resto de su vida. En  2012, el costo del retiro militar y los gastos de la prestación de supervivencia alcanzaban a $us 52 miles de millones. Eso es más que el presupuesto entero del Departamento de Estado.

El Pentágono se parece en exceso a una empresa socialista gigantesca, dirigida de acuerdo a sus propios principios, protegida contra la disciplina de mercado y que no ha de rendir cuentas a nadie. ¿Cómo continúa funcionando y realmente actuando? De la manera en la que las burocracias socialistas generalmente lo hacen. Si uno pone suficiente dinero y consigue personal talentoso, energético y determinado, las cosas podrían funcionar hasta que el dinero se termine. El Gobierno de  Estados Unidos todavía gasta más en defensa que las siguientes ocho naciones que le siguen en importancia económica, incluyendo a China y Rusia juntas. ¿Qué obtiene el Pentágono con semejante inversión? Bajo cualquier criterio normal, su desempeño (ingresos vs. resultados), sería considerado un fracaso con total seguridad.

La buena noticia es que Carter ya ha sido un reformador y, como subsecretario de Defensa, intentó desenmarañar el proceso de adquisiciones. Mc. Cain pronto será el presidente de la Comisión de Servicios Armados del Senado. Y el republicano Mac Thornberry, que liderará la Cámara equivalente, también parece tener una inclinación hacia las reformas. Sin embargo, el problema es tan inmenso que solo podemos esperar pequeñas victorias. Los secretarios de Defensa llegarán y se irán, pero el Complejo militar-industrial del Congreso seguirá vivo.

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