Columnistas

Pequeños mártires

Estamos construyendo una colectividad intolerante, deshumanizada y descarnadamente violenta.

La Razón (Edición Impresa) / Lucía Sauma

01:21 / 01 de septiembre de 2016

En Cochabamba, el domingo 28 de agosto aproximadamente a las cinco de la tarde, una niña de cuatro años se paró frente a su padre para mirar cómo se hacía cortes en el brazo, él reaccionó clavando el cuchillo en un ojo de la pequeña, le salvaron la vida, no el ojito. Esa misma fecha en Santa Cruz nacía una bebé que tres días después fue abandonada en un basurero, dentro de una bolsa de yute. También se salvó de morir gracias a los recolectores de basura. El miércoles 3 de febrero, una madre de 18 años se ensañó con su hijito de tres meses y lo golpeó hasta producirle muerte cerebral. Todos le preguntaron, ¿por qué lo hizo? Ella, sin muestras de arrepentimiento, dijo que lloraba mucho.

Es excesiva la violencia que se ejerce contra los niños, los más chiquitos, los más vulnerables, los que no reclaman, los más indefensos, los que no acusan, los que a pesar de ser irracionalmente golpeados aún se aferran a sus padres y les dicen que los quieren. Este tipo de maltrato es la clara muestra del modelo de sociedad que estamos construyendo: una colectividad intolerante, deshumanizada y descarnadamente violenta. Los principales autores son los padres: nueve de cada 10 niños castigados reciben pellizcos, jalones, golpes, quemaduras, cortes, fracturas, el abandono, o la muerte por parte de quienes los engendraron y tienen la obligación de cuidarlos y amarlos.

La Paz es la segunda región con mayor maltrato infantil en el país; solo en el Hospital del Niño se atienden cuatro casos por mes. Detrás de cada pequeña víctima hay una historia de terror que sobrepasa por mucho la brevedad de sus vidas. Los reportes médicos son una denuncia donde se develan antiguas cicatrices, huellas de golpes anteriores y desnutrición. Ésta es la relación de agravios en los que las niñas y niños sobrevivieron. Al otro lado del mar de violencia están los que no pudieron aguantar y murieron. Según un reporte de La Razón, ya van 15 infanticidios entre el 1 de enero y el 13 de agosto de este año, de los cuales cinco fueron cometidos por la madre o padre biológicos, cinco por padrastros, cuatro por otras personas y uno por el abuelo de la víctima.

Cuando los agresores responden por qué lo hicieron, dicen que “porque lloraba mucho y no quería calmarse”, “porque sigue usando pañales y no aprende”, “porque ha roto el vaso”, “porque es muy desobediente”... Es decir que permanentemente confundimos educar con castigar. Pretendemos enseñar a golpes y en muchos casos hasta quitarles la vida. La verdadera respuesta es que los violentos aprendieron con violencia. Los bebés, las niñas y niños no reclaman, ni marchan, no bloquean, no protestan, no pintan las paredes ni tienen quien de verdad los represente para exigir que ¡respeten sus vidas!

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