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Periodismo en conflicto (s)

Dos presentadores de televisión ‘informaron’ acerca de toma de la ciudad y enfrentamientos

La Razón (Edición Impresa) / Rubén D. Atahuichi López

02:35 / 28 de julio de 2015

Quizás le deba la vida a aquel oficial de la Policía que en 2003 me retiró a culatazo limpio de la zona de operaciones en el conflicto entre sus camaradas y efectivos de las Fuerzas Armadas. Aquel aciago día creía que mi condición de periodista también me hacía inmune ante la tragedia que vivió entonces La Paz; llevaba la credencial como escudo.

Quería pasar hacia la acera de la Cancillería, desde donde los policías disparaban armas de fuego hacia los militares atrincherados en cercanías de la Catedral y el Palacio de Gobierno. Salí de escena con más culpa que bronca contra el oficial que me había recordado que no era un hombre de hierro para arriesgarme a ser el ausente eterno de mi familia.

En situaciones así, los periodistas suelen ser muy audaces, aunque muchos se atrincheran en el lado más fuerte, donde los policías disparan gases, balines o armas de fuego y hay menos riesgos que en el lado de los manifestantes, normalmente víctimas de la represalia de las fuerzas del orden. Algo así se vio la semana pasada, cuando un grupo de mineros retumbó Sopocachi con dinamita, acción que derivó en una brutal gasificación policial que no reparó en la presencia de personas ajenas al conflicto y puso en vilo a la ciudad y al país.

Esa audacia suele también motivar mensajes que pueden tener incidencia en las crisis. Ahora que la tecnología es cómplice de malas prácticas, las redes sociales se han convertido en un oportuno canal para atizar el mal momento que viven Potosí, el departamento en conflicto de 23 días, y La Paz, la ciudad que soporta todas las protestas ajenas a su cotidianidad y a su espíritu hospitalario y solidario.

Hace una semana, un periodista de un medio de información en Potosí compartía en el Facebook una imagen con el mensaje de “tanques se dirigen a Potosí”. Menos mal, pudo aclarar más tarde que esa información era errónea; es que el Ministerio de Defensa trasladaba equipos y armas a Sucre para la tradicional parada militar del 7 de agosto.

Bastó un click para causar pánico y especulaciones acerca de una eventual intervención militar a la ciudad, al punto de incluso cuestionar a los medios de información de no hacer repercusiones sobre lo que, a la luz, era un temible rumor.

El viernes, ante la amenaza de represalias de movimientos sociales afines al Gobierno, otra ola de rumores causó una zozobra mayor. A tono con algunos políticos de oposición que hablaban de “ordas” (sic) campesinas al acecho de Potosí, dos presentadores de televisión “informaron” acerca de la toma de la ciudad y enfrentamientos, que, al final de la noche, eran una inefable especulación.

Tan temibles como el presagio del viceministro de Gobierno, Jorge Pérez, que, con una sabiduría nostradámica, dijo días antes que el movimiento cívico preparaba un atentado contra las torres de transmisión de electricidad.

¿Son sensatos esos actos en estas circunstancias? No, ni de un lado ni del otro, ni por cualquier razón. El periodismo es sereno; que si bien puede ser crítico ante las actuaciones de las partes, es factor clave para la información en tiempos difíciles y la preservación del bien mayor: la paz. Si no, está en un grave conflicto de credibilidad.

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