Columnistas

Perro, Zurdo y Conde

Siento un enorme placer cuando aparecen con una nueva entrega de sus venturas y desventuras.

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Iturri

00:41 / 07 de julio de 2017

Llegaron y se quedaron. Lo hicieron en diferentes épocas de mi vida y se convirtieron en una obsesión, tanto que hoy siento un enorme placer cuando aparecen de pronto con una nueva entrega de sus venturas y desventuras. Entonces hago un paréntesis en mis jornadas de trabajo y me regodeo siguiendo al Perro Lazcano, al Zurdo Mendieta y a Mario Conde. Y junto a ellos, a Charly Parker (no confundir con el famoso jazzista) y al alemán Berni Gunther.

El perro es un comisario de la Policía argentina de los 70 y 80, los años de plomo. De organismos parapoliciales como la triple AAA de López Rega. Y él debe descubrir el horror en su propia institución. Doblegada por la corrupción, la Policía bonaerense no es precisamente un jardín de infantes. No lo es tampoco la Policía mexicana, y ni siquiera la cubana.

Así, hasta el Zurdo Mendieta recibe su sobre mensual y los narcos hacen de las suyas (Edgar Mendoza, autor de El Zurdo, nos muestra un mundo donde a veces la mafia del narcotráfico no es lo peor). Entretanto, Mario Conde termina alejado de las fuerzas del orden de La Habana, después de ver cómo éstas están sumidas no en la burocracia, sino en la corrupción. Vender libros usados será mucho más agradable que ir investigando asesinatos en un mundo corroído por jerarcas que se aprovechan de la revolución y del discurso revolucionario para llenarse los bolsillos en nombre del socialismo. Es un mundo degradado. Algunos que tienen “pasado perfecto” y que están en la cúpula del partido son en realidad vulgares delincuentes.

Lo dicho, son mundos que distan mucho de ser perfectos, como la vida de estos detectives que siempre se enamoran de la mujer equivocada y terminan hundidos en la soledad, sea porque sus amores son asesinadas o porque éstas parten a mundos menos escindidos que los de sus investigadores. Sin duda los detectives tienen amores desgraciados (¿acaso alguien no los tiene?) y luchan contra una sociedad hipócrita, cuyo poder está profundamente corrompido. Ya lo decía Chandler, uno de los padres del policial norteamericano, es un mundo donde un juez es capaz de enviar a un hombre a la cárcel porque lo encontraron en la calle con una botella de aguardiente, mientras que en la despensa del magistrado los estantes están repletos de los más caros licores.

Goldman, siguiendo a Luckas, habla de héroes problemáticos siempre enfrentados a su mundo. Héroes tristes que recurren a la bebida para poder enfrentar una sociedad que les es extraña, pero que al mismo tiempo necesita de ellos para no hundirse del todo, porque de vez en cuando hay justicia.

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