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Persona non grata

El comentario presidencial ha sentenciado al infortunado emisario a una suerte de muerte civil

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Antonio Carrasco

00:35 / 15 de agosto de 2015

En los últimos días, la advertencia del presidente Evo Morales alertando sobre las actividades supuestamente irregulares del cónsul chileno acreditado en Bolivia ha producido estupor tanto en Santiago como en La Paz. Estas reacciones merecen ser estudiadas en su verdadero marco conceptual.

En diplomacia, el art. 9 de la Convención de Viena estipula que no obstante gozar de las inmunidades y privilegios inherentes a su cargo, el Estado receptor “en cualquier momento y sin tener que explicar su decisión” puede declarar persona non grata a todo diplomático que a su juicio resulte poco confiable en el desempeño de sus funciones. Sin haberse llegado a oficializar esa severa decisión, el comentario presidencial ha sentenciado al infortunado emisario a una suerte de muerte civil en las tareas que le encomendó su Gobierno. No solo por el nivel de la conjetura expresada en su contra, sino porque de hoy en adelante ningún funcionario de alta o menor jerarquía se arriesgará a escuchar al maltrecho agente consular, sin prejuzgar aviesas intenciones en alguien que ha dejado de ser de facto un interlocutor válido, particularmente en una época en la que se ventila la sacrosanta demanda marítima boliviana en la Corte Internacional de Justicia (CIJ).

Sin relaciones diplomáticas formales, lo que en rigor corresponde es que sea Chile el que, por mínima dignidad, retire al citado burócrata de su cargo, por cuanto su permanencia en el mismo resulta incoherente con su misión. También podría el señor Milenko Skoknic renunciar motu proprio, para paliar la travesía de un calvario por demás incómodo.

En efecto, no será la primera vez que la Cancillería mapochina confronte ese tipo de problema. En 1971, mi gran amigo y cófrade unesquiano Jorge Edwards no duró ni tres meses como enviado de Salvador Allende, en La Habana. Su entonces ímpetu juvenil y sus inquietudes intelectuales lo llevaron a tertuliar con personajes desafectos al régimen, actitud que, pese a la cercanía ideológica, no fue óbice para manifestar la insatisfacción castrista. Esta peripecia le sirvió de argumento para escribir su obra, ya clásica, Persona non grata, que se publicó en 1973 y continúa siendo fruta prohibida en Cuba.

Por otra parte, no se requiere ser muy perspicaz para constatar que es interés primordial de Chile la desestabilización de la administración Morales, por haber obtenido, como nunca, la cohesión nacional detrás de la legítima reclamación por un acceso libre y soberano al océano Pacífico.

Algunos trajines de Skoknic ajenos a las labores consulares, en momentos de la agitación social potosina, podrían haber inducido a los servicios de Inteligencia a examinar al intruso. Es más, ningún Estado está obligado a probar sus sospechas. Lamentablemente son imprudencias que en la política internacional tienen alto costo. En esas circunstancias, cuando las relaciones son normales, una discreta llamada telefónica hubiese solucionado el impasse y el infractor podría haber sido transferido —suavemente— a otro destino. Pero en el caso que nos ocupa, la alerta presidencial es suficiente para que Santiago escoja un nuevo interlocutor, si, de buena fe, se desea promover el diálogo fecundo, paralelo al inevitable encuentro en La Haya.

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