Columnistas

Perú elige no elegir

El fujimorismo carece de fuerza para imponerse claramente y el antifujimorismo no tiene contenido

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Ángel Bastenier

23:23 / 12 de junio de 2016

A las presidenciales del anterior domingo en Perú se presentaban dos candidaturas que tienen al país dividido en partes prácticamente iguales: la de Keiko, hija de Alberto Fujimori, expresidente golpista, y Pedro Pablo Kuczynski (PPK), líderes ambos de coaliciones básicamente negativas, en contra del otro tanto o más que a favor de sí mismas.

La del exbanquero, derecha clásica, contaba con un único elemento aglutinador, todos-contra-Fujimori; y la de Keiko era una vaga marea populista, sobre todo de origen rural y modestos medios, contra la élite limeña, pero igualmente conservadora. Y la nación en vez de votar sí a quien sea, ha preferido decir “no” a la hija de Fujimori, que perdió, como se dice en inglés, “por la piel de los dientes”.

La democracia peruana, con prensa independiente, libertad de expresión y elecciones cuando toca, padece, sin embargo, graves disfuncionalidades, la mayor de las cuales puede ser la inexistencia de un sistema estable de partidos, que aparecen en coyuntura electoral y desaparecen sin dejar rastro. A todo ello puede haber contribuido el fujimorato (1990-2000), la gobernación del padre, que en 1992 se dio un autogolpe de Estado para moverse sin trabas constitucionales y a consecuencia del cual está hoy en prisión. Y la gran ironía es que Keiko había creado, Fuerza Popular, lo más parecido a un partido político moderno, que ha sido la única fuerza realmente vencedora en las toldas del fujimorismo, porque obtuvo en las legislativas 73 escaños de 130; resultado, éste, que completa el galimatías de una opinión que da la mayoría absoluta al partido de la hija, pero que cuando hay que votar a la persona solo le concede el empate técnico con un adversario especialmente átono y que hasta hace muy poco tenía nacionalidad norteamericana.

Al cabo de décadas de excelentes indicadores económicos, aunque últimamente algo desmejorados por la crisis, parece como si en Perú lo “macro” fuera incapaz de filtrarse hasta lo “micro”, con un descontento generalizado que redobla el grave deterioro de la seguridad ciudadana, pese a que las cifras no llegan a las cúspides de criminalidad de países centroamericanos. Keiko, que lleva 10 años preparándose para ser presidenta, no existiría políticamente si Alberto Fujimori no hubiera derrotado al movimiento presuntamente revolucionario Sendero Luminoso, pero igualmente los excesos de su mandato son los que han armado una coalición antifujimorista, con lo que haya más a mano. Y todo ello como un dèja vu, porque ya en 2011 la Primera Hija fue derrotada por Ollanta Humala, el presidente hoy saliente, que encabezaba una coalición, izquierda incluida, muy parecida a la actual.

El fujimorismo carece de fuerza para imponerse claramente y el antifujimorismo no tiene contenido propio, lo que pone al país en una situación de tablas permanente. Una pista sobre el futuro de ese cul de sac podría darla la capacidad de Keiko de preservar la existencia de su partido más allá de su comportamiento electoral, aunque ya se especula, en la mejor tradición nacional, con que parte de sus diputados estarían dispuestos a trabajar con PPK. Así es como Perú eligió el domingo no elegir.

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