Columnistas

Pidiendo permiso a los ilegales

Qué injusticia cometo. El Comité pro Santa Cruz le dio medalla al mérito a Alina de Hoyos

La Razón (Edición Impresa) / Gabriela Ichaso Elcuaz

00:01 / 05 de noviembre de 2015

La triste realidad del día lluvioso, cuando salimos en busca de la ciudad que enamora, es ésa de esta mañana en el cuarto anillo. La de joder por joder. De vender, cocinar, comer, cagar y hacer negocio en la calle, mientras tu Presidente te pone un satélite propio, un aeropuerto en el Chapare, un parque industrial en Warnes, doble aguinaldo a los giles que deben pagarlo y una empresa de cobros de impuestos a los oligarcas que no están en la vía pública.

No es cosa del Presidente que las ciudades sean arrasadas por el hermano pueblo, disfrazado de gremial, transportista, loteador de cuello blanco y también de abarcas, violador o asesino, porque la Policía es solita de él. De todos estos asaltantes, en todas sus gamas, que se encarguen los opositores de La Paz, de El Alto, de Cochabamba y de Santa Cruz de la Sierra.

Y el gobierno municipal, representado por esos 12 en el patíbulo de tus bloqueos, de tu banda dirigida por un maleante erigido en jefe por ser el más capaz de organizar la violencia, el chantaje, la ilegalidad y el abuso, es además el cajero automático sin fondo, que te da módulo educativo para los chicos, parque para el fin de semana, pavimento para tu minibús o tu trufi o tus ollas y tus asaditos, centros de salud para que hagas menos fila en el hospital.

No sé cuántos mercados vacíos y públicos hay en la ciudad: no los quieren porque no están donde a ellos —los planificadores de los gremiales— les parece que deberían estar. En la tele, salen con caras de pobrecitos y a los jefes de prensa y de producción no se les mueve un pelo en ordenar al camarógrafo que filme y al reportero que entreviste a la mujer que les parezca más desvalida, mejor si tiene niños alrededor, barro en los pies con chinelas, se envuelve en hule y le llueve encima. Los ambulantes también saben hacer teatro, como los políticos, para la tele, y ponen de carne de cañón a su eslabón más necesitado. Los ambulantes también saben, como los políticos, que la mejor hora de bloquear, de insultar, de marchar y de vender su imagen de miserable condición al borde de la indigencia, es la hora de los informativos. Después se ríen con los cinco abogados para los que sí tienen con qué pagar. Alistan sus bártulos, esperan que pase a buscarlos la vagoneta, el taxi o el camión de la familia y se cambian de avenida tomada, a otra en el sur, en el este o en el norte de la ciudad, o alrededor de los megamercados en creces.

Es el juego del poder. El poder de hacer lo que te da la gana. El poder del maleante devenido en jefe de la banda, que vive de lo que la banda vende en la calle y que la banda paga a cuenta de vender, cocinar, comer, cagar y hacer negocio en la calle.

Por una vez que el gobierno municipal asume que va a ordenar la ciudad, por todas las veces que no lo hace y sin ninguna otra fuerza que la de la buena voluntad, no solo que la Policía sigue en su cueva esperando la orden del ministro, sino que además están los que se divierten prestos a debilitar la autoridad y a quienes pronto, también, veremos cómo empiezan a pedir a gritos que les den permiso los ilegales.

Nada hay nuevo bajo el sol, nada es novedad. Y nada ha cambiado en estas tres últimas décadas en la relación de convivencia entre los ciudadanos y su ciudad. A la minoría que ahora le importa, que se las arregle como pueda si total cuando era mayoría nada hizo para poner las cosas en su lugar. Ah, no. Qué injusticia cometo. El Comité pro Santa Cruz le dio medalla al mérito a Alina de Hoyos. Permítanme un jajajajajaja.

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