Columnistas

Pinto y Saboia se cargan a Patriota

El caso Pinto estaba en statu quo hasta la audacia de Saboia y el influjo de políticos de derecha

La Razón / Rubén D. Atahuichi López

01:08 / 27 de agosto de 2013

Lo que la gente comenta ahora, a pocas horas de la tragedia de Palmasola, es la fuga asistida del senador Róger Pinto a Brasil, 15 meses después de asilarse en la Embajada de Brasil en La Paz. Aunque se trata de un caso muy particular, cobra trascendencia por su incidencia internacional y sus intereses políticos.

En Bolivia, la noticia difundida por el periodista José Pomacusi corrió como reguero de pólvora el sábado. Quienes se congratularon de la salida fueron los líderes y militantes de la oposición al Gobierno, entre ellos el jefe de Unidad Nacional (UN), Samuel Doria Medina; el gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas, y el exgobernador del Beni Ernesto Suárez. Uno a uno, aquellos expresaron su alegría por la acción de Pinto, sentenciado en primera instancia por el caso Zofra-Universidad (con una pérdida para el Estado de $us 11 millones), al considerarlo un héroe o un paradigma de la lucha por los derechos humanos y la libertad. “Por fin pudo reunirse con su familia un gran amigo” (Suárez), “operación libertad políticamente exitosa (…) qué bien, Róger: ejemplar” (Doria Medina); y apoyo a Pinto “por su valentía en su lucha por la libertad” (Costas) fueron las frases expresadas en Twitter.

Está bien, no se podía esperar otra cosa, son sus correligionarios en su oposición a la administración de Evo Morales, a la que ahora le reclaman —a manera de justificar el extremo— sobre cómo no pudo otorgar un salvoconducto para encaminar el asilo definitivo del senador de marras. Sin embargo, ¿es posible que uno pueda alegrarse de esa salida irregular de Pinto, pese al resguardo ya conocido de parte del mismo encargado de Negocios de Brasil en La Paz, Eduardo Saboia?

En mi humilde criterio, actuar así es simplemente apología. Congratularse por la salida de Pinto debido a una hipotética absolución sería diferente, homologaría el discurso de injusticia en el caso que maneja la oposición boliviana. Sin embargo, el gobierno de Dilma Rousseff, a juzgar por la renuncia del canciller Antonio Patriota por la causa, pone en evidencia que Brasil, como Estado, no avala la salida irregular del legislador propiciada por Saboia.

Hasta antes de la dimisión del Jefe de Itamaraty, los detractores del gobierno de Morales incluso concluían que la fuga del senador de Pando implicaba una victoria política en su haber. Las cosas han cambiado y la propia presencia de Pinto en Brasil ha sido puesta en cuestión, y pocos creen en el país que el senador sea inocente y que huyó de Bolivia en su condición de “perseguido político”.

A pesar de una sentencia, al menos 14 juicios y cuatro arraigos en contra de Pinto, lo que el Gobierno alegó siempre (lo repitió ayer el canciller David Choquehuanca) es que Brasil omitió la Convención de Caracas al aceptar la solicitud de asilo sin haber considerado previamente esos antecedentes. Al contrario, a Bolivia se le cuestiona de haber incumplido tratados internacionales sobre asilo al no conceder el salvoconducto al legislador. Eso se verá seguramente después.

El caso estaba en statu quo hasta la audacia de Saboia y el influjo de políticos de derecha de Brasil y de Bolivia. Aunque la renuncia de Patriota puede implicar en parte una explicación del suceso que exigió ayer Choquehuanca, lo cierto es que el representante de Brasil en Bolivia y el mismo Pinto se cargaron al jefe de la Cancillería más poderosa de la región, Itamaraty.

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