Columnistas

Piratería y emprendedores truchos

Debajo de la imitación subyace una cobardía del emprendedor nacional a realizar inversiones a largo plazo

La Razón (Edición Impresa) / Enrique MacLean Soruco

00:00 / 20 de diciembre de 2013

Existe en Facebook un foro con más de 20.000 participantes donde se intercambian críticas de restaurantes en La Paz. Ahí se publicó un anuncio de apertura de Shooters, un restaurante de comida rápida con meseras uniformadas con shorts naranjas y tops blancos apretados, es decir, una burda imitación de la franquicia estadounidense Hooters.

Publiqué en ese foro una crítica a este negocio por pretender sacar ventaja indebida de la fama y renombre de marcas ajenas, y con ello contribuir al desprestigio de los emprendedores bolivianos. La respuesta mayoritaria no fue la de secundar la crítica,  sino la de justificar la imitación.

Uno de los participantes me respondió que la imitación marcaria es una forma estratégica de posicionamiento. Respondí que el robo de dinero también es una medida estratégica para mejorar el poder adquisitivo. La ironía no parecía ser suficiente para evidenciar el conflicto. Un segundo detractor me dijo que los consumidores estamos “en el deber” de apoyar los emprendimientos nacionales y que mis críticas no eran conducentes al objetivo. Como una extensión de lo anterior, se mencionó que mientras las alitas de pollo que vende Shooters estén ricas, ¿por qué tendría que importarle al consumidor la imitación marcaria?

Algunos de los participantes me pidieron citas legales de las normas que prohíben agregar una “s” a una marca conocida. Hice las citas legales respectivas, pero las respuestas subsiguientes evadieron tocar la ilegalidad de la imitación. Un participante llegó inclusive a pedir que cesáramos el debate, porque el foro era para discutir sobre buenos o malos restaurantes y no sobre buenos o malos plagios.

Provoca curiosidad cómo un país que se precia de estar en el camino del redescubrimiento de su identidad cultural, la descolonización y la revalorización de aquello que nos distingue como bolivianos tenga en el ámbito empresarial tendencias claramente marcadas hacia la imitación y la piratería de marcas mayormente originadas en Estados Unidos.

Es razonable asumir que debajo del problema subyace una cobardía del emprendedor nacional a realizar inversiones a largo plazo. El desarrollo y posicionamiento de una marca propia es un desafío de un empresario visionario y valiente, dispuesto a construir un negocio con ideas originales y sin ánimo parasitario hacia la competencia. La imitación marcaria es el impulso de un empresario sin identidad, sin imaginación y sin escrúpulos, por tanto, una forma de atajo tramposo para ganar dinero con el prestigio y esfuerzo de sus competidores reales o potenciales.

Aún si el consumidor estuviera consciente de la imitación, le produjera admiración la astucia del imitador o disfrutare la parodia a la marca extranjera famosa (como la vendedora callejera de hamburguesas McDoña), en el caso de Shooters no estamos hablando de un negocio callejero manejado por una persona en condiciones de dificultad económica, con pocas oportunidades laborales o sin acceso a capital para desarrollar un restaurante con marca propia.

Sería interesante ver la reacción de los usuarios del foro de Facebook arriba citado ante un hipotético lanzamiento de gaseosas “Papaya Salvietti’s” o cerveza “Paceña’s” en Chile, Estados Unidos u otro país. Al final de cuentas, solo hay una “s” de diferencia. ¿Les replicarían el desmerecido aplauso que le dan ahora a Shooters o cederían al chauvinismo nacionalista defendiendo que lo trucho solamente es aceptable si llena los bolsillos de un empresario boliviano?

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