Columnistas

‘Placemaking’

Y es que allá lo público requiere alimentarse de la participación de la comunidad

La Razón (Edición Impresa) / Aquí y ahora - Patricia Vargas

03:48 / 20 de marzo de 2014

Hay quienes afirman que el placemaking es una de las ideas más transformadoras de las ciudades en los últimos tiempos. Esto porque se cimienta en la búsqueda de la recuperación de la vitalidad de los espacios públicos con actividades que no son impuestas, sino son el resultado de las aspiraciones que tiene la población sobre el sitio donde deciden reunirse entre ciudadanos.

Una especie de redescubrimiento de los distintos valores del espacio público a través de visiones comunes y colectivas entre la ciudadanía. Para ello, ciertas plazas, calles o nuevos sitios son seleccionados para el desarrollo de algunas experiencias. Y es que allá lo público requiere alimentarse de la participación de la comunidad para expresar nuevamente su potencial.

Así, esas ciudades, por ejemplo las europeas, han logrado detener lo que en los últimos años ha sido considerado como característica del nuevo siglo: la desaparición del uso masivo de los espacios creados para el disfrute de la población. Este hecho se fue difundiendo en escritos y teorías urbanas que afirman que el espacio público ha muerto esencialmente en las grandes metrópolis. Es evidente que el “aislamiento conectado” (comunicación virtual) ha logrado desplazar en importancia al uso del espacio público; sin embargo, no cabe duda de que toda persona existe como cuerpo y esto es un primer motivo de su necesidad de movimiento, juego y demás, sin olvidar que también es un ser social, el cual requiere de contacto con otros ciudadanos.

¿Y cómo empezó el placemaking? Apareció como un movimiento silencioso en ciertas urbes desarrolladas que buscaban “reinventar” distintos sitios públicos; una especie de conexión de esos territorios con la población para su uso masivo. Es una nueva configuración colectiva del espacio de todos —como señalan ciertos escritos— donde los expertos son “las comunidades”, que colaboran en identificar problemas útiles para los cambios anhelados. De esta forma, esos talentos de grupo ayudan a crear un lugar exitoso y sobre todo vital. Sin embargo, además de ideas innovadoras, en algunos casos se requiere de apoyo financiero para realizar proyectos de mejoramiento. Todo ello con el fin de encontrar formas de rehabilitación o reutilización de esos espacios públicos, sin olvidar que toda nueva propuesta será antes practicada que construida.

Un método algo parecido al de los imaginarios, que hace más de una década estuvo vigente en esta urbe, con resultados acordes a su implementación.La Paz es una ciudad por excelencia urbana, y esa potencialidad y los distintos impactos a causa de aquello fueron apreciados en diversos escritos que acompañaron nuestra reflexión en los últimos tres años. En ellos se revaloriza la palabra “lugar”, que connota el vínculo emocional de la población con su territorio. Una esencia y valor que hace la diferencia con otras urbes.

Hoy, esta  ciudad comienza a mostrar —cada vez de forma más clara— que no desea “ningún absoluto”, especialmente cuando está basado en una mirada de un presente cuya convulsiva necesidad de modernización olvida los requerimientos de quienes la habitan. Y peor aún, cuando aquél se convierte en un obstáculo para una sociedad que a pesar de cualquier diferencia, todavía cree en el “encuentro”.

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