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Planificación

Seguir en la improvisación a la hora de definir los proyectos urbanos o rurales nos llevará a la ruina.

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Villagómez

00:43 / 06 de diciembre de 2016

Estamos soportando un problema que la ciudad deberá enfrentar en este siglo: el déficit de agua. Nos cayó como un yunque, quedamos perplejos y devastados ante la magnitud e irreversibilidad del mismo, y hacemos lo indecible para tratar de superarlo. Es un problema mayúsculo que apenas comienza y promete golpear a la paceñidad como nunca en su historia. Si algo bueno se está gestando en esta tragedia es una conciencia medioambiental que se ha formado en apenas algunas semanas y que debe ser sostenida adecuadamente.

En primer lugar, debemos incorporar esta conciencia ciudadana en otra mayor e ineludible: la necesidad de planificar con seriedad y responsabilidad nuestro futuro. Seguir en la improvisación, bien intencionada o no, a la hora de definir nuestros proyectos urbanos o rurales nos llevará a la ruina y, quizás, a la desestructuración y muerte de las ciudades que los collas levantamos en la zona andina desde hace siglos. Les recuerdo que las ciudades pueden morir. Ahí tienes a Detroit, agonizando en el imperio más poderoso de la Tierra. Ni con toda su plata pueden evitarlo.

Por esas experiencias y la magnitud de los problemas que se avecinan, debemos, sin más dilaciones, planificar bajo criterios de sostenibilidad y sustentabilidad coordinando los niveles departamentales y municipales. Los especialistas en estas nuevas visiones de planificación integral y creativa recomiendan fundar las acciones y estudios en tres grandes pilares: desarrollo social (salud, educación, etc.), desarrollo económico (industrias verdes, innovación tecnológica, etc.) y manejo medioambiental (agua, desechos, reciclaje, entre otros temas).

Para garantizar el éxito de una planificación integral urbano-regional desde su formulación hasta su implementación debemos superar el mayor de los problemas: nosotros mismos. Por una parte, creo que llegó el tiempo en que los políticos deben callar y los especialistas, hablar. Si la clase política sigue en este siglo con sus clásicas mañas y su desesperado protagonismo, estamos fregados.

Por otra parte, la ciudadanía debe estar consciente de que una sociedad planificada es una sociedad normada, controlada y multada. En otros términos: debemos aprender a cumplir las normas. La chacota que armamos en las ciudades, donde todos hicimos lo que nos dio la gana, sirvió para gambetear los problemas en tiempos pasados, ahora ese comportamiento no tiene futuro alguno.

Coda dirigida a la juventud: si quieren subsistir y desarrollar la ciudad en este nuevo siglo, deben dejar de politizar y partidizar todo. Deben superar esa tara colonial de sus padres y abuelos, y emprender la tarea urgente de planificar el futuro con nuevas y renovadas ideas. 

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