Columnistas

Poder y (con)vivir bien

La gran pregunta es si el vivir bien puede encajar con la lógica del poder y de la pugna partidaria

La Razón / Xavier Albó es antropólogo lingüista y jesuita.

02:58 / 22 de enero de 2012

El Estado y los partidos políticos son dos de los principales instrumentos del poder. Pero al mismo tiempo, el “nuevo Estado” que, bajo el liderazgo del MAS ha delineado nuestra actual Constitución, busca combinar la buena administración con la lógica y utopía del vivir bien. Esta expresión aparece muchas veces en la Carta Magna: art. 8, 9, 80, 306 (2), 313 y sobre todo en el solemne e inspirador preámbulo que lo explica este concepto: “Un Estado basado en el respeto e igualdad entre todos, con principios de soberanía, dignidad, complementariedad, solidaridad, armonía y equidad en la distribución y redistribución del producto social, donde predomine la búsqueda del vivir bien; con respeto a la pluralidad económica, social, jurídica, política y cultural de los habitantes de esta tierra; en convivencia colectiva con acceso al agua, trabajo, educación, salud y vivienda para todos”.

Esta semana tendremos numerosas instancias para poner a prueba nuestra voluntad para manejar (o no) el poder desde esta lógica del vivir bien. Pienso, entre varios otros, en la renovación del gabinete y en tres movidas entrelazadas en torno al TIPNIS: la nueva relación entre el MAS y la flamante “brigada indígena” de tierras bajas, gestada desde la represión a su VIII marcha; el mantener o no la Ley Corta del TIPNIS; y la llegada a La Paz de la marcha indígena del Conisur, contrapunto de la VIII marcha, pero sin represión y también sin tanta cobertura de los medios. Cada tema merecería muchas columnas. Pero aquí me limitaré a un criterio general para todos ellos.

Yo sigo apostando por el vivir bien, que, afinando más, quiere decir convivir bien entre todos. Esto incluye a) el bienestar de cada uno de nosotros, b) convivir entre los humanos, y c) convivir con todo lo que es vida, incluida por supuesto la Madre Tierra, una expresión más vital, coparticipante y hasta teológica que tomar los “recursos naturales” sólo como mercancías de libre disposición.

La gran pregunta es si eso puede encajar con la lógica del poder y de la pugna partidaria. A la luz de la CPE, en el nuevo Estado, esa lógica debe ajustarse al vivir bien, y es eso lo que deberán priorizar los nuevos ministros. En los otros temas sobre el TIPNIS, la primera norma fundamental del convivir bien es diálogo y más diálogo, escuchando de veras, metiéndose en el pellejo del otro distinto, antes de imponer y reclamar X o Z por consigna. ¡Meterse también en el pellejo de la Madre Tierra!

En los dos temas que tienen que ver con el Parlamento y sus dos tercios, si bien cada bando podría ver razones para tildar al otro de “traidor”, deberá prevalecer este diálogo, en busca de soluciones conjuntas. El MAS se alegra de que parlamentarios de la oposición no sean “levantamanos” de sus partidos; lo mismo debería ponderar de los propios, para hacer prevalecer siempre las razones y no las prebendas ni las sanciones.

Entre la VIII marcha de diciembre y su contrapunto de enero, el buen convivir reclama que líderes, aliados, opositores y reporteros toquen y sientan el sufrimiento de los caminantes —que lo hubo y lo hay en ambos casos— y que no los manipulen. De ahí, los propios interesados, los indígenas del TIPNIS con sus organizaciones,  sean capaces y hábiles para dialogar y buscar soluciones que respeten los criterios del vivir bien. A la luz del mapa de comunidades, me parece que un tramo alternativo por el Isiboro, aunque más caro, es el que mejor respeta a la Madre Tierra y el que a más comunidades beneficia.   

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