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Poder sin límites

‘Chronicle’ es un poco a la ciencia ficción lo que ‘The Blair Witch Project’ al género gótico

La Razón / Ana Rebeca Prada

00:02 / 15 de agosto de 2012

Chronicle: Poder sin límites (2012), dirigida por Josh Tank, es, en principio, una cinta menor. Está filmada a la manera de The Blair Witch Project (1999), pero à la Hollywood. ¿Recuerdan esa aterradora película de Myrick y Sánchez, de un grupo de amigos que se adentran en un bosque del estado de Maryland en EEUU para investigar la leyenda de la bruja de Blair, sin mapa, con los implementos mínimos para acampar y una cámara? Lo que vemos es lo que dejaron estos chicos desaparecidos atrás: lo filmado por la cámara. Chronicle es un poco a la ciencia ficción lo que The Blair Witch Project al género gótico. Hay que decirlo, sin embargo: Chronicle nunca ganaría, como lo hizo la película de Myrick y Sánchez, un premio en Cannes.

En todo caso, lo interesante de ambas películas es el uso de la cámara dentro de la película. Uno o varios de los personajes están filmando: la película que vemos es ese registro. En Blair Witch, se trata de un “proyecto”, el de filmar lo que pudiera haber de verdad en la leyenda de la bruja de Blair; en Chronicle se trata de una crónica en imágenes de un colegial de secundaria, abusado por el padre, nada popular entre los chicos del colegio y sufriendo una enfermedad terminal de la madre en casa. Se trata, pues, del formato del documental en la construcción formal de una película de ficción. Myrick y Sánchez trabajan muy específicamente con la cámara en crudo, como la utilizarían chicos sin mucha experiencia y en un creciente clima de horror. Tank más bien trabaja con la noción de “crónica”, que es literalmente un registro de cosas que ocurren ahora, en la actualidad.

A tres amigos les son dados superpoderes por entrar en contacto con una roca luminosa extraterrestre. Primero pueden mover cosas sin tocarlas, luego pueden volar y, por último, pueden ejercer violencia, cada vez más dura en el caso de Andrew, el chico de la cámara. Ésta adquiere autonomía cuando Andrew la hace volar y acompañarlo a todo lado. Poco a poco, estos poderes, usados más por diversión por los otros dos chicos, son usados por Andrew para vengarse de los abusivos de rigor: los matones del colegio y la calle, su padre, y luego, el mundo. Como en Blair Witch, hay muchas muertes al final de la película. En Chronicle, además, violencia extrema. La diferencia es que en aquélla, la violencia es exterior e inmanejable para los exploradores del bosque, cortándose el film con la muerte de los últimos. En ésta, los poderes sacan de Andrew una violencia interior incubada silenciosamente por años y le dan la posibilidad de responder a la injusticia general. Lo que vemos es la documentación filmada de todo el proceso: lo diferente es que el sobreviviente de los tres amigos lleva la cámara al Tibet, un destino soñado por Andrew, y la deja en la cima de una montaña, prendida, cosa de que “mire” lo que él debió haber mirado.

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