Columnistas

Poder vecinal

Más allá de la intromisión partidista, es una resolución digna de apoyar

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Villagómez

02:22 / 01 de abril de 2014

Estamos presenciando la emergencia de movimientos ciudadanos ante proyectos que pretenden construir los técnicos de los gobiernos central y municipal. La ciudadanía reclama con fuerza y determinación su derecho a la ciudad y se planta firme ante las buenas intenciones o las súbitas ocurrencias de los gobiernos de turno.

Dos movimientos ciudadanos se destacan en estos días: el cabildo por el predio del panóptico de San Pedro y la renovación del nudo Garita de Lima. Son diferentes en sus  objetivos y plataformas de lucha, pero coinciden en demostrar la vitalidad e importancia  del nuevo poder vecinal. El barrio de San Pedro convocó a un cabildo (favorecido por un partido político) con carácter resolutivo, que estableció rotundamente su lucha: no permitirán ningún edificio de burocracia estatal y apoyarán la construcción de un centro cultural. Cualquiera sea el proyecto cultural y más allá de la intromisión partidista, es una resolución digna de apoyar porque estamos saturados hasta el copete de burocracia en el centro urbano paceño. No creo que alguien en su sano juicio desee construir más bloques de funcionarios que solo traen caos urbano y una concentración inhumana.

Los movimientos alrededor del proyecto de la Garita de Lima son diferentes: son antagónicos y extremadamente conflictivos. Por una parte están los vecinos que claman por la renovación del nudo y apoyan el proyecto municipal, y, por otra, los comerciantes que apoyan una renovación cosmética, pero de pasos a nivel ni hablar y menos de retirarlos ni siquiera por un día. Este conflicto que ya tiene “golpes de estado” a la junta de vecinos, y está generando una descomposición social y de las organizaciones vecinales, es altamente peligroso por los mensajes que puede dejar a futuro. Creo que llegó el momento de establecer con claridad la preeminencia del bien común sobre el beneficio privado, del derecho colectivo al espacio público sobre la apropiación y el loteamiento indebido de las vías públicas; en suma, del derecho de un millón de habitantes ante 500 gremialistas que entraron en guerra con toda la ciudad. Escuché a una de las representantes del sector la cantaleta de siempre: es nuestra humilde fuente de trabajo, cuidado que somos miles de afectados y demás cuentos que ya nadie se traga.Vivimos otros tiempos y todos sabemos que se renovó la pirámide social en esta ciudad: los comerciantes son parte fundamental de la nueva burguesía paceña.

La Paz no responderá con la violencia con que los gremialistas de la Garita conculcan nuestros derechos de libre tránsito todos los días. La Paz siempre irá por un diálogo franco y desprendido. Pero todo tiene un límite.

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