Columnistas

La Policía contra la gente

Ya que la zanahoria no ha funcionado, recurren a los palos; el problema es que la violencia se dispara rápidamente

La Razón (Edición Impresa) / Bartosz T. Wielinski

23:33 / 13 de agosto de 2018

Es aún independiente la Policía en Polonia? Es una pregunta que me planteo muy seriamente. Desde hace dos semanas, los agentes polacos no se parecen a sus colegas del resto de la UE. La Policía polaca carga contra la oposición. Como en Szczecin, donde dos opositores al partido gubernamental (PiS, por sus siglas polacas) colocaron una camiseta que decía “Constitución” en el monumento al expresidente Lech Kaczynski (fallecido en 2010 en la catástrofe aérea de Smolensk y hermano del líder del PiS, Jaroslaw Kaczynski). Pues bien, este happening es una reacción a las medidas del PiS, así como del presidente Andrzej Duda, que, infringiendo la Constitución polaca, han decidido eliminar de su cargo a la presidenta del Tribunal Supremo, además de cambiar a sus miembros. En cuanto esto se ejecute, Polonia dejará de ser un Estado de derecho.

El expresidente Lech Kaczynski, a instancias de su hermano, está reconocido por el Gobierno como el santo patrón nacional. En consecuencia, utilizar un monumento suyo para recordar la necesidad de respetar la Constitución se considera un ataque terrorista. Los agentes abrieron una instrucción por profanar un monumento, que el Código Penal polaco castiga con una multa. Se pusieron manos a la obra, a consultar las grabaciones monitorizadas y a buscar testigos. Pero también los polacos se pusieron en marcha. Así, camisetas con el rótulo de “Constitución” proliferaron por todo el país. También en estatuas apolíticas, del dragón de Cracovia o personajes de dibujos animados. La gente disfrutaba de lo lindo. No así la Policía.

Los siguientes decoradores de monumentos aterrizaron en las comisarías. A la pregunta de cómo la palabra “Constitución” puede ultrajar a alguien, el ministro de Interior, Joachim Brudzinski, no supo responder.

Pero eso no es todo. En Bydgoszcz, en la ventana del despacho de uno de los diputados del PiS, una activista de la oposición dibujó las letras PZPR (las iniciales del antiguo partido comunista polaco), al que este diputado del PiS perteneció. Su caza fue un éxito: la mujer tuvo que desnudarse íntegramente en la comisaría y la cachearon después de aislarla. Fue acusada de apología del totalitarismo. Como si recordarle a un diputado del PiS su pasado deshonroso fuese un delito.

En los años 80, cuando en Polonia y media Europa anidaba aún el comunismo, la oposición breslaviense decidió reírse de las autoridades organizando happenings similares. Esto condujo a situaciones verdaderamente cómicas, como cuando por el centro de Breslavia policías armados con porras perseguían a una multitud de personas disfrazadas... de san Nicolás. Nada resultó más comprometedor para el régimen que aquello. Y ahora la historia se repite. Pero no todos están de guasa. Hace dos semanas, la Policía arrestó de forma brutal a los manifestantes congregados ante el Congreso. El ministro Brudzinski escribió que deberían alegrarse, porque la Policía de EEUU o Israel habría sido más expeditiva.

Aparte de aplicar la violencia, se vigila a los manifestantes, aun siendo parlamentarios (es por su bien, explica la Policía). Y las protestas se graban para analizarlas con un programa especial de identificación facial. ¿De qué le sirve a la Policía esta información? Es muy simple: la necesita para asustar a la gente. Kaczynski devasta la democracia polaca con Viktor Orban como modelo.

Hay una cosa, sin embargo, que no había previsto: en su camino al poder ilimitado en Polonia la sociedad civil se le interpondrá eficazmente. Kaczynski estaba convencido de que el generoso programa social, sumado a una propaganda diseminada por los medios públicos intervenidos por el Gobierno, bastaría para silenciar a sus adversarios. Pero no ha sido así. Miles de personas salen a las calles a defender nuestra pertenencia a la UE, la libertad de prensa o la independencia del Poder Judicial.

Ya que no ha funcionado la zanahoria, las autoridades recurren a los palos. El problema es que la violencia se dispara rápidamente. ¿Bastará todo esto para fracturar a la sociedad civil que defiende los valores democráticos? ¿O servirá quizás para afianzarlos? No conozco la respuesta, pero una cosa es segura: Polonia, el sexto país de la UE por su tamaño, está cada vez más reñida con las normas y valores europeos. La injerencia de la Policía en el debate político demuestra que la situación es cada vez peor. Y, a pesar de todo, en Polonia sigue habiendo personas dispuestas a defender los principios europeos.

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