Columnistas

Política, instituciones y desarrollo

Las sociedades democráticas prós-peras están regidas por instituciones políticas inclusivas.

La Razón / Fernanda Wanderley

00:00 / 15 de abril de 2012

Por qué algunas sociedades son democráticas, prósperas y estables, mientras otras son autocráticas, pobres e inestables? Ésta es la pregunta del millón de los economistas, los politólogos y los sociólogos. En el flamante obra ¿Por qué las naciones fracasan?, Acemoglu y Robinson, profesores de las prestigiosas universidades MIT y Harvard, proponen que la respuesta reside en el ámbito de la política.

Para los autores, las sociedades democráticas, prósperas y estables están regidas por instituciones políticas inclusivas que combinan centralización y pluralismo (el Estado es lo suficientemente fuerte para controlar el poder privado y al mismo tiempo el Estado es controlado por un poder político ampliamente compartido). Instituciones políticas inclusivas generan instituciones económicas también inclusivas, las cuales se orientan hacia la amplia participación económica de todos los miembros de una sociedad en igualdad de condiciones. Proceso que, a su vez, refuerza las instituciones políticas inclusivas.

En contraposición están las sociedades autocráticas, pobres e inestables, que son gobernadas por instituciones políticas controladas por pocos y marcadas por favoritismos, extorsiones y corrupción. Estas instituciones políticas establecen reglas del juego económico (instituciones económicas) también excluyentes que garantizan la prosperidad de unos pocos en detrimento de la mayoría. En este tipo de sociedad, la inestabilidad política será la regla, la posibilidad de innovación y generación de riqueza será limitada y los alcances redistributivos serán exiguos.  

Son muchas las preguntas interesantes que proponen los autores. Una que considero particularmente interesante para los países de desarrollo tardío como Bolivia se refiere a los resultados que pueden producir la cooperación externa en sociedades con instituciones políticas y económicas extractivas. Los límites y consecuencias negativas para el desarrollo pueden sostenerse en mecanismos similares a la maldición de la abundancia de los recursos naturales.

Más allá de las críticas que ya está provocando el libro y que puede ser acompañada en la página www.whynationsfail.com, la invitación para volver a incluir la dimensión político-institucional en los estudios sobre desarrollo económico es muy importante. Esta publicación se suma a otras reflexiones que recuperan las contribuciones del pensamiento latinoamericano que habían sido desacreditadas durante las décadas de los 80 y 90. Es así que las obras de autores como Pipitoni, Hirschman, Fajnzylber, Prebisch, entre otros, regresan a los estudios sobre desarrollo con renovadas lecturas e interpretaciones.  

Desde estas nuevas corrientes, se puede indagar cuáles fueron los factores político-institucionales que explican el pobre desempeño de la economía boliviana en los últimos 20 años en comparación con otros países que partieron de condiciones similares. Esta es precisamente la pregunta que Alfredo Seoani y mi persona buscamos responder en el libro La brecha ahorro-inversión y la olvidada agenda de la transformación productiva que será publicado por el PIEB y Cides-UMSA.

Argumentamos que los mediocres niveles de inversión, innovación y productividad de los últimos 20 años son resultado, en gran medida, de la ausencia de una estrategia política coherente para impulsar la transformación productiva y la generación de empleos de calidad. Aunque por razones distintas, tanto el modelo neoliberal como el modelo nacionalista-estatista no encauzaron un proyecto socio-estatal capaz de acelerar sostenidamente el crecimiento y resolver los persistentes problemas de fragilidad económica y social en Bolivia.

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