Columnistas

Políticas de la presencia

Las luchas de los movimientos sociales estaban orientadas a tener una ‘presencia física’ en el Estado

La Razón / Jorge Komadina Rimassa

00:06 / 31 de enero de 2013

Una de las dimensiones de la representación política consiste en “hacer presente” algo que de otra forma permanece “ausente”. Prolongando esta metáfora podemos afirmar que, en Bolivia, ciertos colectivos sociales han permanecido “invisibles” o excluidos justamente porque carecían de representación, por ejemplo los pueblos indígenas.

Los movimientos sociales que se han producido desde 2000 han tenido como objetivo contar con una “presencia física” en el Estado, tanto en el ámbito legislativo, como en los poderes Ejecutivo, Judicial y Electoral. Es decir, esas luchas no estaban orientadas a transformar radicalmente el Estado, se trataba de ocuparlo, de penetrar en sus resquicios. De alguna manera esa meta se ha cumplido. La actual Asamblea Legislativa, por nombrar un caso, tiene una composición social, étnica y de género diferente a los anteriores cuerpos legislativos. Los ausentes se han hecho presentes.   

Este hecho, la presencia en los Poderes de representantes de grupos tradicionalmente excluidos del sistema político, ha permitido un reconocimiento simbólico de la diferencia, ha ampliado la legitimidad de las instituciones y ha abierto la posibilidad de transformar la agenda política, incluyendo los intereses específicos de esos colectivos.

No obstante, esas mutaciones en la representación han generado nuevas incertidumbres. Así, el incremento en el número de mujeres en los ámbitos estatales no se ha traducido, automáticamente, en una agenda que gire en torno a temas feministas y/o de género. Tampoco han cambiado las mentalidades patriarcales y las formas cotidianas de “hacer política”.

En el caso de los indígenas ha sucedido algo similar. A pesar de la presencia física de representantes indígenas en los poderes del Estado, ellos no han logrado construir opiniones, propuestas y políticas propias. De acuerdo con algunos intelectuales aymaras, los indígenas siguen subordinados a la elite blanco-mestiza, entre otras razones, porque carecen de competencias y capacidades para ejercer esos cargos con autonomía.

En mi opinión, la política de la presencia ha generado una fuerte tensión entre las demandas de semejanza y diferencia en la representación. Los colectivos sociales aspiran elegir a los representantes más competentes y mejor preparados para ejercer esa responsabilidad (añeja ambición liberal), pero también buscan en ellos una “semejanza”, una plena identificación estamental. ¿Paradojas de la experiencia democrática?

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