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¿Políticos o empresarios?

Decía el Vicepresidente hace pocos días que no se debe ser servidor público para hacer plata, que no se puede ser político y a la vez empresario. Esto es evidente: o se focalizan las energías en el bien público o en el interés privado. Sin embargo, la propuesta gubernamental de financiar empresas públicas, inicialmente con $us 1.200 millones de las reservas internacionales, apunta, al menos en alguna medida, en el sentido contrario, a que los políticos hagan de empresarios.

La Razón / Iván Finot

05:22 / 01 de marzo de 2012

En efecto, en el proyecto de ley se prevé que el Fondo para la Revolución Industrial Productiva (Finpro) financiará, en principio, “plantas de concentración y fundición de minerales, plantas de textiles y de industrialización de madera y alimentos”, y que “los emprendimientos estarán a cargo de entidades públicas, empresas con participación mayoritaria del Estado y/o emprendimientos conjuntos del nivel central del Estado y las entidades territoriales autónomas” (Párrafo II Art. 2). Es decir, los recursos del fondo estarán destinados, al parecer, exclusivamente a empresas públicas nacionales, departamentales o municipales.

Desde ya, es necesario diferenciar entre plantas de concentración y fundición de minerales, y plantas de textiles y de industrialización de madera y alimentos. En el primer caso, la Constitución asigna un rol protagónico al Estado y la conformación de empresas públicas y/o mixtas sería pertinente, pero se debería meditar antes de multiplicar empresas públicas en los otros sectores.

Bolivia ya ha atravesado una experiencia negativa con las empresas estatales, cuya obesidad, junto con el endeudamiento desmedido dejado por la dictadura de Banzer, determinó el fracaso de la UDP. La experiencia mundial demuestra que para que las empresas estatales funcionen eficientemente deben comportarse como privadas. Un ejemplo es Petrobras: asociada con capital privado y cotizando en las bolsas transnacionales. Y ello requiere una política de Estado de permanente alerta que asegure ese comportamiento. En nuestro caso, tal esfuerzo debería focalizarse en las empresas públicas estratégicas; conseguirlo en el caso de múltiples empresas departamentales y municipales sería prácticamente imposible.

¿Qué fue lo que determinó el fracaso de las empresas públicas bolivianas, no solamente de las estratégicas, como Comibol y YPFB, sino de las multiplicadas en otros sectores durante el banzerato? Que frente a la imprescindible lógica empresarial predominó, desde la creación de esas empresas, la lógica política de corto plazo. ¿Cuál es esa lógica? Como una vez afirmó el Presidente, así como los empresarios buscan maximizar utilidades, los políticos buscan maximizar “apoyo”. Esto es real. Incluso con la mejor buena fe para evitar la corrupción, va en contra de la lógica de los políticos evitar el clientelismo: contratar trabajadores y proveedores haciendo predominar afinidades políticas frente a capacidades. Al imponerse la lógica política a la económica, ello resulta, primero, en menores utilidades, y luego, en pérdidas crecientes.

El camino no es que unos cuantos políticos ilustrados sustituyan la iniciativa incesante de millones de bolivianos. Para el caso de las industrias no estratégicas, el camino sería el desarrollo económico local y regional; es decir, orientar los recursos del Finpro destinados a ellas a fortalecer lo que imprescindiblemente debe proveer el sector público en áreas departamentales, regionales y municipales —redes de infraestructura, servicios públicos, información, capacitación— para coadyuvar a que toda esa iniciativa florezca en industrialización.

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