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Portarse bien

La Razón (Edición Impresa) / Abrelatas (porque todo nos llega enlatado) - Verónica Córdova

00:00 / 03 de enero de 2015

Todos los festejos en los que hemos participado en las últimas semanas tienen su origen en el nacimiento de un niño, hace ya más de 2.000 años. Y, quién sabe por qué misteriosas razones, una parte fundamental de estos festejos consiste en entregar regalos a los niños de nuestras familias y también a niños ajenos a quienes consideramos pobres y, por tanto, merecedores de nuestras buenas acciones navideñas. Pero los regalos no vienen, por decirlo de algún modo, gratis. Los niños saben que deben portarse bien si quieren que Papá Noel, los Reyes Magos, el Niño Dios o sus padres les entreguen en Navidad los regalos que han pedido. Pero, ¿qué es portarse bien? ¿qué significa?

Para muchos adultos, un niño que se porta bien es un niño que no molesta. Un niño que no interviene en las conversaciones, que no hace ruido, que no pregunta, que no cuestiona, que hace lo que le dicen y se calla. Para otros, un niño que se porta bien es alguien que ayuda en la casa. La niña que, en lugar de jugar, atiende a sus hermanos menores. La que cocina y limpia mientras la mamá trabaja. El niño que sale a trabajar junto a su padre en el minibús, en el campo o en la tienda.

Portarse bien es, además, no hacer renegar a los adultos que te rodean. O sea, evitar las travesuras y comportarse de acuerdo con lo esperado en cada circunstancia: saludar al vecino, besar en la mejilla a la tía que no soportas, decir por favor y gracias, comer como señorita, no hablar ni reír muy alto, disimular la curiosidad, no preguntar demás, no hablar con la boca llena, ser correcto y bien educado.

Otra condición fundamental para recibir regalos en Navidad es haber obtenido buenas notas en el colegio. Es decir, tener una validación externa que certifique que te has portado bien a lo largo de todo el año. Y en la escuela portarse bien tiene sus propios códigos: hacer las tareas, escuchar con atención y no hablar en las filas ni en el aula, no mascar chicle, usar el uniforme... Cumplidas esas reglas, y teniendo además resultados satisfactorios en los exámenes y otras pruebas, obtienes un número, un índice o una letra en una libreta de cartulina (ahora es también electrónica) que certifica que eres un niño en camino a estar educado según las normas de la sociedad que te rodea.

Si te has portado bien, mereces un juguete chino envuelto en vistoso papel chino, que encontrarás bajo un árbol de plástico adornado con luces y bolas de colores (con mucha probabilidad, chinas). A veces un miembro de la familia se vestirá con un traje rojo y una barba de algodón blanco y te entregará el juguete diciendo jo, jo, jo. En ese caso, un niño que se porta bien no dará a entender que sabe que ése es el tío Pepe disfrazado, seguirá el juego, abrirá el regalo y se alegrará aunque no sea lo que había pedido en una estúpida carta dirigida al Polo Norte. No sé si en algún lugar del mundo (que no sea la televisión gringa) un niño del siglo XXI todavía cree que hay un ser mágico que se dedica el año entero a fabricar juguetes para botarlos por las chimeneas el 24 de diciembre. Ellos fingen creer para complacer a los adultos, eso es portarse bien, eso los hace merecedores del regalo navideño.

¿Qué cuernos les estamos enseñando a nuestros hijos con toda esta charada? ¿Qué significa portarse bien, al fin de cuentas? ¿Ser un adulto pequeño que no cuestiona, no pregunta y no juega? ¿A qué tipo de mundo les estamos enseñando a conformarse?  ¿Qué les estamos enseñando a aceptar? ¿Que el precio para recibir un juguete es dejar de ser curioso, dejar de ser expansivo, dejar de ser espontáneo, dejar de ser un niño?

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