Columnistas

Potencial, recursos y reservas de mineral

La Razón / Dionisio J. Garzón M.

02:25 / 02 de noviembre de 2012

Potencial, recursos y reservas de mineral, estos términos —cuyo significado tiene que ver con el grado de certeza al que se llega en la investigación de la cantidad y calidad de una acumulación de mineral y con un protocolo internacionalmente aceptado (por ejemplo, entre otros, por el Instituto Canadiense de Minas, Metalurgia y Petróleos)— se manejan discrecionalmente. Cuando nos referimos a 40 mil millones de toneladas (MT) de mineral de hierro del Mutún, según ese protocolo, no deberíamos hablar de reservas ni siquiera de recursos minerales, sino de potencial. De ese gran total, las investigaciones geológicas y de muestreo realizadas a la fecha permitirían estimar una reserva actual en números redondos de 143 MT, un recurso de otras 100 MT y el resto entraría en la categoría de potencial, mientras no se completen las investigaciones en el área específica. ¿A qué viene esta introducción?

Manejamos cifras de posibles proyectos mineros y sobre todo la información que llega al público con mucha informalidad. Un día se lee en los periódicos que el salar de Uyuni tiene una reserva de 100 MT de litio equivalente, o que Corocoro tiene una reserva de 100 MT de mineral y los lectores asimilan, sus ilusiones crecen y pasado el tiempo las desilusiones llegan. La historia del Mutún, Karachipampa, la volatilización de minerales de estaño en La Palca y otros denominados en su tiempo “elefantes blancos” es la historia de esas frustraciones.

La calidad de Reserva de Mineral alude a que es susceptible de explotación económica demostrable, y es el final de un largo camino para empezar a hablar de un proyecto minero con el cual sí podemos empezar a soñar. Para hablar de reservas deberían haber por lo menos estudios de prefactibilidad, ¿habrá alguno?

Hace más de medio siglo que el país tiene un gran portafolio de potenciales proyectos mineros que duermen el sueño de los justos, las indefiniciones de nuestra política minera —siempre oscilando entre posiciones nacionalistas, socialistas y liberales— hacen que muy pocos inversionistas lleguen al país y se animen a seguir el tedioso camino necesario para llegar al éxito. Sin la garantía de seguridad, continuidad de normas que rigen las inversiones y reglas claras en el mediano y largo plazo, ese portafolio seguirá durmiendo por mucho tiempo.

Hace algunas semanas terminó en La Paz el XX Congreso Geológico Boliviano y su habitual mesa redonda sobre Minería; y días atrás, la VII Mesa Redonda: Minería y Área Productiva de la Carrera de Metalurgia de la Universidad Técnica de Oruro. Estos eventos, a los que asistí como panelista, tuvieron muy poca repercusión en los medios como es habitual en estos casos, pero reflejan la preocupación creciente de la población sobre el sector y sobre su Ley Minera, que se hace esperar por años. Se tocaron en detalle muchos temas científicos y de la industria, también los tópicos que comento en esta columna; se llegó a interesantes conclusiones que ojalá tengan alguna influencia en los niveles superiores del Gobierno y generen algunos lineamientos de política minera acordes a los tiempos que corren, un manejo más formal y técnico de la industria y de los emprendimientos mineros actuales y de aquellos que lenta pero constantemente se generan por empresarios, mineros y geólogos. Mi homenaje a estos importantes eventos, donde intelectuales se unieron en el duro empeño de delinear un adecuado desarrollo de los recursos naturales del país.

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