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Potosí federal

La creencia política de que el federalismo es una etapa superior a la descentralización es un mito

La Razón / Rafael López Valverde

00:57 / 07 de octubre de 2013

En agosto de 2010, Carlos Romero declaró: “Como el diseño autonómico es de descentralización política muy profunda, esa transición al federalismo puede durar entre 20 y 50 años, pero en definitiva va a ser una transición al federalismo”.

Un año después, el Comité Cívico de Potosí embanderó la demanda federalista ante la inatención de las necesidades regionales, según su perspectiva. Actualmente vuelven a flamear estas banderas, producto de la disminución del número de parlamentarios del departamento respecto a la cifra hoy vigente, cálculo realizado con base en el cuestionado Censo 2012.

La creencia política de que el federalismo es una etapa superior a la descentralización es un mito, construido por las pasiones pesimistas sobre el modelo autonómico y la aflicción del centralismo, más no por conocer los alcances particulares de un modelo federal.

De acuerdo con datos del Banco Mundial hasta 2009, el 90% de los países del mundo experimentaba algún tipo de descentralización, de los cuales, según el Instituto de Federalismo de la Universidad de Fribourg, 28 países se consideran a sí mismos federales, conteniendo al 40% de la población mundial. Sin embargo y como usted imaginará, no todos los federalismo son idénticos. Una diferencia principal radica en su origen histórico. Por ejemplo, India se declaró federal después de lograr su independencia del Reino Unido en 1947. El objetivo de su organización territorial descansa en el deseo de mantener unidas a las numerosas etnias y grupos poblacionales; fue entonces un modelo parido desde arriba. A diferencia de éste, Suiza tiene un nacimiento local cerca de 1215 y  posterior a la invasión napoleónica, a través la agrupación de inicialmente ocho de 26 cantones.  Bolivia se aproximaría al caso Indio. Pese a ello, y más allá de la forma de nacimiento de los Estados federales, existen rasgos comunes.

Una característica central, como señala Franz Barrios Suvelza en su tesis doctoral, es que la atención se centra en el nivel intermedio. En consecuencia, los poderes legislativos son otorgados a plenitud al nivel intermedio, derivando en que los municipios se encuentran bajo su control.

Después de casi 20 años de Participación Popular, ¿cree usted que los municipios estarían dispuestos a someterse a los poderes de los gobiernos departamentales? Lo dudo. Un rasgo federalista en este sentido está contenido en el estatuto cruceño de 2008, en el que en una de sus partes asignaba competencias a los gobiernos locales.

Otro rasgo común es la limitación del poder del gobierno central. La Cámara Alta de los países federales no es otra cosa que una extensión del poder de los gobiernos intermedios, quienes eligen/designan a sus representantes. Este cuerpo, más conocido como Consejo de Estado, tiene facultades de vetar la legislación nacional antes de su sanción por presunciones  de intromisión en los asuntos autonómicos. Curiosamente, la Constitución Política del Estado aprobada en Oruro llamaba a la Cámara Alta “Cámara de Representantes”; sin embargo, más allá del nombre no era otra cosa que un senado tradicional. Pese a ello, es necesario considerar que en Bolivia necesitamos con urgencia un filtraje previo de la legislación nacional que en repetidas ocasiones ha ignorado parcial y totalmente  la autonomía.

El caso suizo, al igual que el canadiense, reconoce que antes de la inauguración de sus Estados nacionales existían rasgos preestatales. Por tanto, se devuelve su soberanía. El único grupo legitimado a pedir federalismo, en opinión propia, es el indígena originario campesino, por sus formas de estatalidad preexistentes a la República.

Es ex director General de Autonomías Departamentales.

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