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El Prado

Hace falta una política urbana que apoye la preservación de los valores de El Prado

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Vargas

00:00 / 04 de septiembre de 2014

Cuando uno transita por El Prado de La Paz, puede ver cómo en ese paseo aún no han desaparecido los rasgos tradicionales heredados de las pautas urbanísticas y arquitectónicas de inicios del siglo XX. Notorio es aquello porque incluso con distintas intervenciones y agresiones de ciertas edificaciones no ha perdido sus cualidades estéticas urbanas.

Sin embargo, en los últimos años muestra un deterioro tal que no solo denota que actualmente se aprueban proyectos aparentemente sin requerimiento alguno, sino que el cuidado de su transformación carece de todo interés. La Alameda del siglo XIX, que fungió como lugar de encuentro donde se realizaban actos sociales y deportivos (carreras de sortija) y la población paseaba bajo la frondosa arboleda de eucaliptos y sauces, fue remodelada en el siglo XX dentro de la imagen urbana actual. Así se consolidó El Prado con su función recreativa en movimiento: el paseo.

Tampoco se puede olvidar la defensa por la conservación de este paseo, que ha sido un arduo trabajo de distintas generaciones de historiadores, arquitectos, artistas, urbanistas y ciudadanía en general. Esto porque desde siempre fue parte de la vida cotidiana del paceño y porque conforma la historia de La Paz, hasta el punto que hoy es un lugar identitario de ésta.

Todo aquello no solo exige la necesidad de una política urbana que apoye la continuidad de la preservación de los valores de El Prado, sino que aquélla esté enmarcada también en los planes a futuro de esta ciudad. Si bien nadie puede exigir que ese paseo peatonal deje de ser un espacio útil para la población, tampoco se debe olvidar que forma parte del objeto estético de La Paz. Asimismo, es innegable que El Prado es una avenida que demuestra, en algunos ejemplos,  que otros fueron los tiempos en los que la ciudad exigía calidad en la construcción y en sus detalles de ornamento urbano.

Actualmente, se puede observar, por ejemplo, cómo el otrora esplendor del hotel Sucre no existe más, al extremo de que sobre ciertas puertas de negocios alquilados existen publicidades y letreros agresivos que en cualquier avenida o calle principal de una ciudad importante estarían prohibidos. La defensa del patrimonio no tiene por qué ser olvidada, ya que esa avenida forma parte fundamental no solo de la historia de La Paz, sino de su literatura, su pintura y la vida política de este país.

Otro aspecto que también llama la atención en El Prado son las carpas instaladas frente al Ministerio de Justicia, que ya llevan varios años. Parece tiempo ya de que aquello motive a quienes corresponda a solucionar las demandas sociales. Y es que la belleza de este paseo también pasa por el hecho de transitarlo despejado.  Con todo, El Prado es aún capaz de cautivar a la ciudadanía por el ambiente que irradia su entorno, sus jardines, sus fuentes de agua, los cuales atraen a un mosaico multicultural de personas, entre las que por supuesto están los turistas.

Así, parece claro que la suciedad, la infinidad de letreros y las obras abandonadas en el mencionado paseo deben motivar a crear nuevos proyectos de inversión económica, cuyos incentivos busquen la recuperación de uno de los lugares más atractivos y significativos de La Paz.

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