Columnistas

Prensa basura

La intención de este tipo de periodismo es mantener al público ocupado, sin tiempo para pensar

La Razón (Edición Impresa) / Yuri F. Tórrez

02:12 / 19 de abril de 2016

Al despuntar febrero vi el filme Spotlight, dirigido por Tom McCarthy y galardonado con el Oscar a la Mejor Película de 2016, mientras en Bolivia una dizque investigación periodística estaba sembrando dudas sobre un supuesto tráfico de influencias entre el presidente Evo Morales, una expareja suya y la empresa china CAMC. 

Spotlight narra el proceso de indagación desarrollado por un equipo del Boston Globe, ganador del Premio Pulitzer por este reportaje, que busca desmenuzar periodísticamente las acusaciones de encubrimiento contra la jerarquía de la Iglesia Católica respecto a su presunta relación con casos de pederastia que involucraban a varios sacerdotes. Una escena que me impresionó (verdadera lección periodística) es aquella en la que un reportero joven exige al coordinador de la pesquisa difundir la “pepa”, pero éste le responde que todavía falta atar algunos “cabos sueltos”. Y en efecto, después de unas semanas más para zanjar los vacíos difunden la noticia.

Aludir a esta cinta es inevitable en el contexto del tratamiento periodístico en torno a casos como el de CAMC. En rigor, el estallido de este caso, que alcanzó a la investidura del Presidente, fue la denuncia del periodista Carlos Valverde, quien, con base en un certificado de nacimiento, reveló la existencia de un hijo del Mandatario boliviano con la entonces gerente comercial de una empresa china que tenía significativos contratos con el Gobierno boliviano; de allí Valverde lanza una hipótesis en torno a un posible tráfico de influencias y punto.

A diferencia de los periodistas del Boston Globe, Valverde no se preocupó del “tiempo periodístico” y priorizó el “tiempo electoral”, y lanzó su denuncia de tráfico de influencias, con ribetes escandalosos, aproximadamente a dos semanas del referéndum constitucional para habilitar una posible reelección de los actuales mandatarios en 2019. Sin duda lo divulgado tuvo efectos en la votación de aquel 21 de febrero, tras lo cual el caso se convirtió en show mediático de baja calaña.

El tema de fondo de la denuncia es la adjudicación de los proyectos estatales a la CAMC, si existió competencia legal, si los proyectos son rentables social y económicamente, etc. Pero en vez de escudriñar a fondo, es decir, hurgar el avispero para confirmar o no la denuncia del tráfico de influencias (seguramente así hubieran procedido los periodistas del Boston Globe), los medios no se interesaron en eso, ni siquiera informaron seria y sistemáticamente sobre el avance del trabajo de la comisión parlamentaria que investiga este caso. Los periodistas estuvieron distraídos y alimentaron la telenovela mexicana armada en torno a este asunto. Mientras, los empresarios chinos de la CAMC abandonaban Bolivia y nadie se enteraba de su salida.

Varios medios se concentraron en hacer escarnio (¿ranking?) con quien devino en la principal protagonista del caso. Un reportaje se dedicó a su vida colegial, como si este dato fuera relevante. Para colmo, otros medios impresos difundieron, sin reparos y aspavientos, una colección de fotos sugestivas sobre ella como si fuera parte de una publicación solo para adultos, ¡por favor!

Según Noam Chomsky, la intención de este tipo de periodismo es desviar la atención del público respecto a los problemas importantes; es tenerlo indiferente, lejos de los conflictos sociales de verdad y cautivado por temas sin importancia real; mantener al público ocupado, sin tiempo para pensar; de vuelta a la granja como los otros animales. Así es la prensa basura.

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