Columnistas

Preocuparse por la educación

Las pruebas PISA miden la capacidad de resolver problemas y situaciones de la vida diaria

La Razón (Edición Impresa) / Fareed Zakaria

00:28 / 11 de enero de 2014

Semanas atrás se publicaron los resultados de las pruebas PISA, que evalúan el nivel de los estudiantes a nivel internacional, y una cosa quedó clara: a Estados Unidos no le fue bien. Más allá de eso, el profesor Jay Greene señala que los exámenes se han convertido en un test de Rorschach. Las personas leen prácticamente lo que quieren a partir de los resultados. Por ejemplo, Randi Weingarten, de la Federación Estadounidense de Maestros, señaló que “ninguno de los países de primer nivel (...) tiene una fijación en las pruebas como Estados Unidos”. Es difícil apreciar cómo se podría llegar a esta conclusión. Los primeros cuatro puestos en las tres categorías (matemáticas, comprensión lectora y ciencias) los ocupan países asiáticos: Shanghai (China), Singapur, Hong Kong, Taiwán y Japón. Probablemente estos países cuenten con los mejores sistemas centrados en la prueba en todo el mundo.

Lo que es más preocupante es que esta prueba no se centra particularmente en la memorización, sino más bien en la capacidad de utilizar las habilidades para resolver problemas y situaciones de la vida diaria (si desea puede realizar la prueba de muestra, en  www.oecd.org/pisa/test). De hecho, a los escolares estadounidenses les va mejor en la otra comparación internacional importante, el Estudio de Tendencias en Matemáticas y Ciencias (Timss), que es una prueba más tradicional del plan de estudios académico. ¿Acaso esto significa que estamos enseñando a través de la memorización en mayor medida que Corea del Sur o Japón? Si dejamos de lado la ideología y los intereses creados, pienso que una revisión imparcial de esta encuesta, así como de otras, sugiere que Estados Unidos tiene razones para estar preocupado, pero no debe entrar en pánico.

Seamos claros, la excelencia educativa en general no es el único ingrediente para el éxito nacional. Diane Ravitch, un crítico de la reforma educativa, ha señalado que a Estados Unidos nunca le ha ido muy bien en las pruebas internacionales y, sin embargo, la economía estadounidense ha estado mejor que la de muchos países que obtuvieron una mayor puntuación en las mismas. ¿A qué responde esta situación?

Estados Unidos se beneficia de una economía de libre mercado increíblemente flexible, de una tradición de invención y espíritu empresarial, de una sociedad dinámica, de los inmigrantes con talento y de una fuerte ética de trabajo. Estas fortalezas podrían superar los resultados bajos, en promedio. Además, hay evidencia creciente que muestra que se necesita un pequeño número de alumnos de alto rendimiento para generar una gran cantidad de vitalidad económica. Los estudiosos Heiner Rindermann y James Thompson han encontrado que el rendimiento del 5% de la población más inteligente de un país (medido según el cociente intelectual) se correlaciona fuertemente con el crecimiento económico. Jonathan Wai, de la Universidad de Duke, argumenta que, debido a su tamaño, el 1% de la población más inteligente de Estados Unidos tiene un enorme impacto en la trayectoria del país.

Estados Unidos ha hecho muy bien en aprovechar los talentos del 1% de su población más inteligente y en atraer al 1% de la población más inteligente del resto del mundo para vivir y trabajar allí. Ellos son los motores de la innovación, el crecimiento y el dinamismo. Pero la amplia clase media del país —y la baja— ha visto cómo sus salarios se estancan durante tres décadas. Y esta situación es cada vez peor en la medida en que la tecnología y la globalización reducen las perspectivas de empleo para las personas de estas clases.

La verdadera historia de estas pruebas ha sido “el ascenso del resto”. Estados Unidos ha estado confuso a lo largo de los últimos decenios, mostrando una leve mejoría o deterioro. Mientras tanto, países como Corea del Sur y Singapur se han disparado a la cima y ahora a China, Vietnam y Polonia les está yendo sorprendentemente bien. Estos países cuentan con trabajadores cuyos niveles de productividad han aumentado a la par con sus logros educativos.

Hay muchas razones que explican esta situación, pero en pocas palabras, muchos de estos países están jugando para ganar. De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la brecha que existe en matemáticas entre Shanghai y Massachusetts (el estado de EEUU con mejor rendimiento) se traduce en dos años de estudio. No es una sorpresa, ya que resulta que debido a que en Shanghai el año escolar es más largo, cuando un escolar promedio de Shanghai tenga 15 años, va a haber cursado cerca de dos años más en la escuela que el estudiante promedio de 15 años de edad estadounidense.

El presidente Barack Obama dijo hace pocos días que el mayor problema de Estados Unidos es su movilidad social en declive. En relación con los canadienses y europeos, es menos probable que los estadounidenses salgan de su nivel de ingresos. La educación es la mejor manera de reconstruir la escalera de la oportunidad.

Casi todas las investigaciones sugieren que la cantidad de dinero que uno gasta en las escuelas no predice su rendimiento. Estados Unidos gasta mucho, muchos países asiáticos gastan mucho menos. Sin embargo, Estados Unidos tiene una gran e inusual brecha entre sus mejores y peores alumnos. Es inusual en la medida en que dedica menos dinero, atención y energía en sus estudiantes más desfavorecidos. La mayoría de los países, sin duda la mayoría de los países de alto rendimiento, dedican más recursos y atención a los niños pobres. El hecho de que la educación en Estados Unidos sea financiada a través de los impuestos locales a la propiedad contribuye a que se produzca una dinámica opuesta, lo que refuerza y exacerba los problemas de movilidad.

Es posible que el 1% de la población más inteligente sea capaz de seguir generando suficiente crecimiento para mantener el país en marcha, pero es más probable que el peso de una clase media estancada eventualmente desacelere la economía. Más importante aún, la política de un país con una élite productiva diminuta y una clase baja masiva con baja cualificación, salarios bajos y sin perspectivas, no va a ser visto como algo agradable.

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