Columnistas

Un Prepósito General con bigotes

Es la primera vez que tanto el ‘papa blanco’ como el   ‘papa negro’ son latinoamericanos

La Razón (Edición Impresa) / Xavier Albó

09:19 / 23 de octubre de 2016

El prepósito general de la Compañía de Jesús, Adolfo Nicolás, ya con más de 80 años, decidió renunciar porque ya no se sentía con fuerzas para cumplir a cabalidad su ardua tarea. Así se puso en marcha la compleja maquinaria institucional para nombrar legalmente a su sucesor. Hubo congregaciones provinciales que nombraron a sus representantes para una congregación general, quienes, reunidos en Roma, después de varios días de murmuratio (con varias cautelas y normas para evitar que se deformaran en campañas electorales), quedó elegido como su sucesor el venezolano Arturo Sosa.

El nuevo prepósito general es el primero no europeo en la historia de la Compañía. El hecho de ser precisamente venezolano trae también una serie de connotaciones en el momento actual. Su especialidad son, además, las ciencias políticas. En 1996-2004 fue superior provincial de los Jesuitas en Venezuela, coincidiendo en buena medida con la primera época de Hugo Chávez.

Anteriormente, Sosa había sido coordinador del apostolado social en su país y director del Centro Gumilla, un centro de investigación y acción social de los jesuitas en Venezuela, y tuvo a su cargo la revista SIC. Asimismo, ha sido miembro del Consejo Fundacional de la Universidad Católica Andrés Bello y Rector de la Universidad Católica del Táchira, cerca de la frontera con Colombia. Por todo ello ha debido estar muy cercano a la nada fácil situación venezolana. Last but not least, es la primera vez en la historia que tanto Francisco, el “papa blanco”, como el general de los jesuitas, llamado a veces el “papa negro” (expresión que a Arturo Sosa no le gusta) son latinoamericanos.

En conjunto, tanto moros como cristianos lo reconocen por su respeto a todos y por la precisión de sus análisis. El liderazgo de Sosa es reconocido por chavistas y opositores, que aplauden su capacidad para no dejarse atrapar por la polarización que sacude a la sociedad venezolana. El 11 de abril de 2002, mientras estaba en marcha un golpe de Estado que desalojó al Presidente del palacio de Miraflores por cerca de 72 horas, Chávez reveló que había llamado a Sosa, quien entre 1985 y 1994 se desempeñó como docente en la cátedra de Análisis socio-político de Venezuela del curso de Comando y Estado Mayor en la Escuela Superior de la Fuerza Aérea; a quien le dijo: “Primero invoco a Dios y a todos los santos, padre, mándennos la bendición... para que aquí no vaya a pasar nada grave”.

Sosa ha tenido “bigotes” para ello, no solo físicamente (eso es también una primicia en superiores máximos de la moderna Compañía), sino también en el sentido figurado. Resumiendo mucho su principal crítica de fondo, anteayer, ayer y hoy, es que el Estado venezolano, habiendo además reservado ahora para sí el control de toda la renta petrolera, que sigue siendo la principal fuente de recursos, ha seguido siendo “rentista”, sin desarrollar otros rubros productivos ni antes ni menos ahora que ya estamos en época de vacas flacas. En su primera conferencia de prensa tras ser nombrado general, Sosa declaró: “el movimiento político que ha encabezado el comandante Chávez a finales del siglo pasado y comienzos de éste, y que ahora encabeza el presidente Maduro, es un proyecto que también es rentista”. Y de la oposición venezolana cabe decir lo mismo: “tampoco tiene un proyecto que permita pensar en un futuro no rentista, que es la única manera de progresar a largo plazo y de que mejore la situación de los venezolanos”.

Es antropólogo lingüista y jesuita.

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