Columnistas

Presidenciales a la francesa

Se espera que la extrema derecha sea derrotada por el apoyo de la izquierda y la derecha democráticas.

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Antonio Carrasco

00:00 / 08 de abril de 2017

Las elecciones para suceder a François Hollande en la presidencia de Francia han sido calificadas como las más complejas y sucias en la historia de la Quinta República, que sigue ajustada a la Constitución que el soberano sastre cosió a la medida del ego y la autoridad del general De Gaulle. Esos amplios poderes hacen que el cargo sea tan codiciado, pese al contrapeso del primer ministro, que responde por sus actos a un poder legislativo exigente. Al primer turno de los comicios, el 27 de abril, se presentan 11 candidatos, de los cuales solo cinco son realmente serios pretendientes; y el 7 de mayo, en la segunda tanda o balotaje, se batirán quienes obtengan previamente el primer y segundo lugar.

Hasta el momento los sondeos de opinión apuntan a tres aspirantes con altas probabilidades: Emmanuel Macron (39), exministro de Hollande y portaestandarte del reciente partido ¡En Marcha! (un conglomerado centrista que usa la modernidad y el pragmatismo como caballos de batalla); Marina Le Pen (48), del Frente Nacional de extrema derecha (empatados cada uno con un 26% del favor popular); y François Fillon (63), de la derecha neogaullista, que recoge el 18% de la intención de votos. La izquierda queda sin chance alguno, dividida entre Jean-Luc Melenchon (65) de “la Francia insumisa” y Benoit Hamon (49), del diezmado Partido Socialista.

Curiosamente el éxito de Macron se debe a que, desilusionados, izquierdistas y conservadores oportunistas encuentran en el carismático exbanquero la figura del “hombre providencial” capaz de llenar el vacío creado por la ineptitud de la clase dirigente. Tanto el Frente Nacional como los “insumisos” pregonan credos antisistema y posiciones contrarias a la Unión Europea, dejando al elector en el dilema de escoger la vía del voto útil y optar por el impetrante centrista.

Si bien las manifestaciones callejeras y los eventos preelectorales de masas muestran miles de adherentes, aparentemente entusiasmados por sus dirigentes favoritos, su número queda siempre insignificante ante los 44.834.000 de ciudadanos inscritos para votar, de una población global de 67 millones de franceses.

De ahí nace la influencia de los medios de comunicación, las redes sociales y los debates televisivos, que llegan directamente a varios millones de auditorios. Los grandes temas de preocupación cívica en esa fragmentada región regida por la Unión Europea, tales como la crisis migratoria, el terrorismo, el brexit, el desafío americano trumpista o los tópicos más locales como el desempleo, el régimen de pensiones, el poder de compra o la polución son puntos que quedan rezagados en el debate político, donde los brotes de corrupción interesan mayormente a los votantes como motivaciones principales a la hora de calificar sus preferencias.

En ese terreno, el ex primer ministro François Fillon fue el más perjudicado, cuando salió a flote los empleos ficticios sustentados con dineros públicos que favorecieron a su esposa, Penélope, y a sus dos hijos. Para colmo de sus pesares, también salieron a relucir dos trajes caros y algún reloj pulsera que Fillon habría recibido de ricos comerciantes que sin duda aguardaban algún favor en retribución. Como consuelo, una denuncia contra el Ministro socialista del Interior por similares pecadillos precipitó su caída en desgracia y el alejamiento inmediato de sus funciones. El rosario de denuncias contra la casta política no ha terminado, y se presume que la decepción en el electorado es tal que buena parte de éste se inclinará ora por el Frente Nacional, que aún no ha gobernado, ora por el novel candidato de ¡En Marcha!, hasta hoy impoluto aunque imberbe.

Todo queda por verse hasta el momento de la verdad, que se dará en el balotaje. Se da por descontado que en el duelo participará ineluctablemente Marina Le Pen, enfrentándose sea a Fillon o a Macron. En cualquier caso, como sucedió en el 2002, se espera que la extrema derecha sea derrotada por el apoyo distorsionado de la izquierda y la derecha democráticas, que tratarán de impedir el acceso del neofascismo al Palacio del Eliseo.

Es doctor en Ciencias Políticas y

miembro de la Academia de Ciencias de Ultra-mar de Francia.

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