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El Presidente dijo ‘ni’

Los argumentos legales del Gobierno pueden resumirse en una palabra: ‘tergiversación’

La Razón / Óscar Díaz

00:01 / 17 de septiembre de 2012

Quién dijo que el proceso de la comunicación era sencillo? Les propongo abordar el tema del Presidente y sus habilidades discursivas desde un punto de vista más o menos técnico, en una especie de juego de supuestos, como si creyésemos que el juicio a ANF, Página Siete y El Diario no es político. En otras palabras, ahuyentar los malos pensamientos y misericordemente estimar que, en lo más profundo de su corazón, Evo y los suyos sólo quieren el bien del periodismo y de todos en general.

Los argumentos legales del Gobierno pueden resumirse en una palabra: “tergiversación”. En nuestro sano pensamiento, hay que resolver esto. Las carreras de Comunicación Social deberían analizar la conveniencia de dictar a sus alumnos clases de “Interpretación Periodística”. Si no lo han hecho hasta ahora puede ser porque no forman periodistas sino, congruentemente con su nombre, comunicadores sociales. Y la profesión de estos dista mucho del oficio de aquellos.

En el proceso de la comunicación intervienen varios elementos y uno de ellos, en particular, suele ser tratado de soslayo en las aulas universitarias: el código. Se presupone que los bachilleres salen del colegio con una formación básica y, entonces, se descuida o, al menos se pasa someramente por esto que el diccionario define así: “Sistema de signos y de reglas que permite formular y comprender un mensaje”.

La comprensión del mensaje (que va de un emisor y a un receptor) es vital para la comunicación, y el código (en este caso, la gramática española) determinante: la respuesta del receptor (que da paso a la retroalimentación o feedback) depende en buena medida del uso que el emisor le dé al sistema de reglas, y viceversa. En el mensaje de los flojos exteriorizado por el Presidente da toda la sensación de que hubo una falla en el emisor al momento de usar el código.

Por otro lado, la comunicación no es sencilla por la incidencia de un componente generalmente excluido del mencionado proceso: la interpretación. Algo de esto pudo haber perjudicado también los intereses de Evo Morales con su idea de la flojedad y el oriente. La interpretación, en periodismo, es, como el código, serio asunto a tomar en cuenta. El gran “problema” de los periodistas es que deben trabajar con ella. Y que ella, esencialmente, es subjetiva. Sobre todo cuando alguien se expresa de una manera confusa, el periodista tiene la necesidad y la obligación profesional —para aclarar el mensaje— de preguntarse: ‘¿Qué quiso decir?’.¿Racismo?, ¿discriminación? Ni si, ni no: ni. Dadas las reglas del juego (la Ley 045), todo puede ser posible, nada es categórico y, la búsqueda de la verdad, como fin último del periodismo, se diluye en el laboratorio legislativo de los políticos.

Dos conclusiones: 1) El Presidente o cualquier fuente de la información, por considerar a la tergiversación o a la tendenciosidad como sinónimos de los penados racismo y discriminación, tienen ahora carta blanca para judicializar la interpretación de un periodista o un medio.

2) ¿Hasta qué punto se le puede exigir al Presidente el buen manejo de un sistema de signos distinto al de su lengua materna? Su precaria formación educativa, sumada a la confusión que le genera el tener que expresarse en español cuando su lengua de origen es otra, ¿no le exime de culpa por no dejarse entender con los demás? Para comunicarse con los bolivianos sin necesidad de hacer como el Papa, que cada miércoles se toma la molestia de saludar en diversas lenguas, lo más práctico sería que mida sus palabras con la regla común del castellano. Aunque esto le implique el sacrificio de aprenderlo.

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