Columnistas

Primavera para los defraudadores

Los créditos bancarios en EEUU han sido bastante robustos desde que entró en vigor la Dodd-Frank.

La Razón (Edición Impresa) / Paul Krugman

16:01 / 11 de febrero de 2017

La gente sigue diciendo que Donald Trump es un populista. Yo no creo que esa palabra signifique lo que ellos piensan que significa.

Está bien, es cierto que nuestro supuesto presidente —hey, si él puede decir eso sobre un juez que falló en su contra, de seguro que nosotros lo podemos decir de él— está canalizando el racismo y el fanatismo de algunos estadounidenses comunes y corrientes, y al hacerlo lo está adhiriendo a las élites aprensivas que toman a la Constitución tanto seria como literalmente. Sin embargo, hasta ahora, sus políticas económicas se tratan de empoderar a negocios éticamente discapacitados, para engañar y explotar al tipo común.

En particular, sus aliados en el Congreso y él están haciendo una prioridad de deshacer la reforma financiera y, específicamente, las partes de ella que protegen a los consumidores en contra de los depredadores.

La semana pasada, Trump dio a conocer un memorando en el que llama al Departamento del Trabajo a reconsiderar su nueva “regla fiduciaria”, por la cual se requiere a los asesores financieros que actúen en función de lo que más conviene a sus clientes, en lugar de, por decir, guiarlos hacia inversiones que a ellos les dejan grandes comisiones. Asimismo, emitió una orden ejecutiva diseñada para debilitar la reforma Dodd-Frank, que entró en vigor en el 2010 a consecuencia de la crisis financiera.

Ambas acciones están muy orientadas a las prioridades de los republicanos congresales y, claro, del sector financiero. Dado que ambos grupos de verdad odian las regulaciones financieras, en especial cuando ayudan a proteger a las familias en contra de una práctica tramposa.

¿Por qué, después de todo, se creó la norma fiduciaria? El problema principal aquí son los ahorros para el retiro —los planes 401(k) y otros que son la primordial fuente de ingresos en el retiro de los estadounidenses, más allá de la Seguridad Social—. Para invertir estos fondos, la gente ha recurrido a profesionales financieros; pero, lo más probable es que no estuvieran conscientes de que estos profesionales no tenían ninguna obligación legal de asesorarlos para maximizar los rendimientos de los clientes en lugar de sus propios ingresos.

Esto es un gran problema. En un estudio que realizó el gobierno de Obama en 2015, se concluye que la “asesoría en inversiones en conflicto” ha estado reduciendo los rendimientos de los ahorros para el retiro en más o menos un punto porcentual, lo que les ha costado a los estadounidenses comunes cerca de $us 17.000 millones cada año. ¿A dónde se han estado yendo esos $us 17.000 millones? En gran parte, al bolsillo de diversos jugadores del sector financiero. Y ahora tenemos una Casa Blanca que está tratando de asegurar que continúe este juego.

Sobre la Dodd-Frank: a los republicanos les gustaría derogar toda la ley, pero es probable que no tengan los votos. Lo que pueden hacer es tratar de paralizar su aplicación, en especial, debilitando a la Oficina de Protección al Consumidor Financiero, cuyo objetivo es proteger a las familias comunes de las estafas financieras.

A diferencia de otras partes de la Dodd-Frank con las que se supone que se reduce el riesgo de una futura crisis financiera —y no se probará totalmente mientras no golpee el siguiente gran choque—, la Oficina se diseñó para lidiar con problemas que afligen a los consumidores en los buenos y en los malos tiempos. Y, a decir de todos, ha sido un éxito enorme, se ha incrementado la transparencia, se redujeron las tarifas y se expusieron los fraudes. ¿Se recuerda el escándalo de la Wells Fargo, en el que se encontró que el banco había sacado millones de cuentas bancarias, tarjetas de crédito y servicios para los clientes sin su consentimiento o su conocimiento? Este escándalo salió a la luz solo gracias a la Oficina.

Entonces, ¿por qué las protecciones al consumidor están en la línea de tiro de Trump?

Gary Cohn, el banquero de Goldman Sachs al que Trump designó para dirigir el Consejo Nacional Económico —¡populismo!— dice que la norma fiduciaria se parece a “solo poner comida saludable en el menú”, y negarle a la gente el derecho a ingerir comida poco sana, si quiere hacerlo. Claro, no hace nada parecido a eso. Si se quiere una mejor analogía, es como evitar que los restaurantes digan que sus porciones de 1.400 calorías son alimentos sanos.

Trump ofrece una explicación diferente a su hostilidad hacia la reforma financiera: está dañando a la disponibilidad crediticia. “Tengo tantas personas, amistades mías que tenían buenos negocios, no pueden pedir prestado dinero”. Sería interesante enterarse de qué son estos “buenos negocios”. Lo que hacemos es que, en general, los bancos estadounidenses han rehuido a los propios negocios de Trump —de los cuales, por cierto, no se ha separado del todo—, quizá debido a su historial de incumplimientos.

Otros aspirantes a ser prestatarios, no obstante, no parecen estar teniendo problemas. Solo 4% de las pequeñas empresas encuestadas para el informe del organismo gremial National Federation of Independent Business dijo estar insatisfecho con la disponibilidad crediticia, un nivel histórico bajo. En conjunto, los créditos bancarios en Estados Unidos han sido bastante robustos desde que entró en vigor la Dodd-Frank.

Entonces, ¿qué es lo que está motivando los ataques en contra de la regulación financiera? Bueno, es mucho el dinero que está en juego, dinero que el sector financiero ha estado extrayendo de consumidores inconscientes, que no tienen protección. Se habían empezado a reducir estos abusos con la reforma financiera, pero es evidente que tenemos una dirigencia política determinada a reducir la reducción. ¡Volvamos a hacer grande la depredación financiera!

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