Columnistas

Prisioneros de los commodities

Brasil es el tercer exportador mundial agrícola, pero los costos de ese éxito pueden ser muy altos

La Razón / Lourdes Montero

02:24 / 24 de junio de 2013

En un número reciente, la revista Nueva Sociedad reproduce un interesante seminario realizado en la ciudad de Montevideo,  donde dialogan Luis Inácio Lula da Silva, José Mujica y el líder sindical Víctor Báez. En ese marco, el expresidente brasileño declara que no es una vergüenza exportar commodities; era malo exportar commodities cuando no valían nada, pero ahora tienen un buen precio gracias a que más chinos, latinoamericanos y africanos demandan comida, y esto ha convertido a los commodities agrícolas en algo muy importante. Agrega contundente: “mientras más coma el mundo, quienes más producirán alimentos serán América Latina y África, y tenemos un potencial extraordinario”.

El problema de los alimentos en el mundo es producto de una tormenta perfecta, que combina la degradación ecológica, el cambio climático, el crecimiento de la población y el control de los precios en manos de unas pocas empresas. La degradación de la tierra cultivada ha provocado en muchos países rendimientos decrecientes; las variaciones climáticas amenazan la productividad mundial y generan escasez de agua; por su parte, la población mundial no sólo es más numerosa, sino que cuenta con mayores ingresos a lo que se atribuye un cambio en su dieta: comen menos cereales y más carne, lácteos, frutas y verduras, lo que provoca un uso más intensivo de recursos naturales para la producción.

Y en el comercio mundial, no más de 500 empresas controlan el 70% de las decisiones y sólo tres empresas (Cargill, Bunge y ADM) controlan el 90% de la comercialización de cereales.

Según la FAO, si la tendencia actual continúa, la demanda de alimentos puede incrementarse en un 70% para 2050, como principal consecuencia del incremento de la población y el crecimiento económico. Se anuncia que la población mundial crecerá de los 7.000 millones actuales a alrededor de 9.100 millones para 2050 y se prevé que en el mismo periodo de tiempo la economía mundial será tres veces mayor.

Así, queda claro que el maíz, el arroz, la soya y el trigo tienen tanto futuro en el mercado mundial, como el gas o los minerales. En los últimos cinco años, China ha duplicado las importaciones de commodities agrícolas y, durante 2012, el precio del trigo ha subido casi un 30%, el precio del maíz un 8,5% y la soya cerca de un 19%. ¿Qué implicaciones tiene esto para Bolivia? Pues tenemos mucho por discutir. ¿Podrá ser esta la oportunidad soñada desde 1952 para la diversificación productiva? ¿Qué consecuencias tendremos frente a la ampliación de la frontera agrícola y la degradación de los suelos? ¿Esta nueva riqueza irá a las manos de campesinos e indígenas, engrosando la nueva burguesía nacional, o se concentrará en la agroindustria cruceña? Por último, y tal vez lo más importante, el incremento de precios de los productos de exportación agrícola ¿qué consecuencias tendrán en nuestra seguridad y soberanía alimentaria?

Lula da Silva parece tener claro el rol de Brasil en el nuevo orden mundial de alimentos, y la fuerza de atracción de esa tendencia puede ser irresistible. Brasil es el tercer exportador mundial agrícola, pero los costos de ese éxito pueden ser muy altos. Actualmente el 54,8% de los campos productivos brasileños se están destinando a los cultivos transgénicos, Brasil es el mayor consumidor de agrotóxicos del mundo, con una media de cinco kilos por habitante, lo que supone mil millones de kilos anuales y  los precios de los alimentos en su mercado interno son los más elevados de Latinoamérica.

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