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Problemas

El mayor problema de esta ciudad somos nosotros, sin excepción de clases ni de distritos

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Villagómez

00:02 / 21 de enero de 2014

Un programa de televisión preguntó en la calle y en vivo acerca de los principales problemas de la ciudad, y terminó reflexionando sobre éstos con particular entusiasmo. De igual manera, en otros medios y talleres municipales se sondea a un público diverso (el llamado usuario) sobre el tema para, se supone, encontrar soluciones apropiadas. Se trata de conocer el meollo del problema a través de la consulta abierta que, técnicamente hablando, es una política urbana conocida como “participación ciudadana”.

Escuchando las respuestas de la gente siempre me quedan dudas, es más, no creo en la certeza de muchas respuestas, y me atrevo a declarar que, en temas urbanos, el pueblo no siempre tiene la razón y se equivoca cándidamente.

En todos esos ámbitos la mayoría de las respuestas del “soberano” rondan por los “grandes temas” de una agenda mediática sometida al vaivén de la política: inseguridad ciudadana, la basura, el transporte y la sangre que, como todos sabemos, están de moda-morbo y son políticamente rentables. Cuando la pregunta se traslada a los talleres municipales, casi siempre las respuestas rondan por los aspectos técnicos, proponiendo la urgencia de contar con planes urbanos, pretenciosos y presumidos, que se proyectan a largo plazo y con números aptos para el logotipo: 2040 o 2025.

Muy pocas veces el pueblo percibe los temas estructurales de esta ciudad como la infraestructura básica, el control de riesgo, el tema medioambiental, la metropolización o la urgencia de gestiones municipales despolitizadas. Pero hasta aquí no dije nada nuevo.

Siempre creemos que nuestros problemas están afuera y jamás nos atrevemos a juzgarnos a nosotros mismos. Jamás reconocemos nuestras responsabilidades y compromisos quebrantados. Por ello es que a la pregunta mi respuesta: el mayor problema de esta ciudad somos nosotros. La ciudad, la calidad de sus ríos, la inestabilidad de sus suelos, nuestros desechos, las normas, los atolladeros vehiculares o sus estúpidos bloqueos son efectos que emergen del problema mayor: nuestra forma de razonar y actuar.

Empecemos, como los adictos, a reconocer dónde está el verdadero desequilibrio de esta ciudad. Aceptando que todos, sin excepción de clases ni de distritos, somos el mayor problema, llegamos al tema crucial boliviano: la educación.

De ser más educados y cultivados con valores (ahora el cándido soy yo), hubiéramos construido una ciudad con escala humana y equilibrio medioambiental, sin necesidad de apelar a grandes artilugios ni actos grandilocuentes. Debemos apurarnos a resolver este desequilibrio estructural, porque si mañana comenzamos a educarnos en serio, la solución la verán nuestros tataranietos.

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