Columnistas

Productividad e inversiones en la región

La informalidad es uno de los obstáculos que impide aumentar la productividad en América Latina

La Razón (Edición Impresa) / Alejandro A. Tagliavini

00:00 / 09 de julio de 2014

Según el informe de Competitividad Global 2013-2014, del Foro Económico Mundial, que incluye a 148 países, en América Latina, Chile y Panamá conservan su liderazgo, aunque el primero bajó del 33 al puesto 34; mientras que el segundo retuvo el lugar 40. Le siguen Costa Rica (54), México (55), Brasil (56), Perú (61), Colombia (69), Guatemala (86), El Salvador (97), Bolivia (98), Nicaragua (99), Argentina (104), Honduras (111) y Venezuela (134). Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en Latinoamérica, entre 1990 y 2011, la productividad creció 1,6%; mientras que en otros países emergentes (Corea, Turquía, Polonia, etc.) subió 3% durante esos años.

Un obstáculo para aumentar la productividad sería la informalidad. El 55% de los trabajadores en la región (130 millones) son informales. Pero cabe preguntarse si esta informalidad no se debe a que las leyes son abusivas, induciendo la alta evasión. También faltarían inversiones, ya que América Latina invierte en infraestructura solo 2,5 puntos de su PIB, frente a los seis de los países asiáticos.

Para la OCDE es esencial desarrollar políticas educativas y de capacitación que, entre otras cosas, disminuyan el gran escollo de la desigualdad. Según la CEPAL, el 20% de la población latinoamericana más pobre concentra el 5% del ingreso total, mientras que el 20% más rico capta el 47%. En Colombia, México y Chile, el 20% más pobre captura el 8% del ingreso; y el 20% más rico, el 39%. Según la OCDE, entre los más desiguales, la diferencia entre los ingresos del 10% más rico y el 10% más pobre en Chile es de 27 veces, y 30 en México.

Así, para combatir la desigualdad sería necesario mejorar la recaudación fiscal, que en Latinoamérica habría crecido de 13,6% del PIB en 1990 a 20,7% actualmente, porcentaje bajo en comparación con el promedio del 30% registrado en los países de la OCDE. Pero esto es una incoherencia, ya que la presión fiscal precisamente provoca desigualdad, porque cuanto más poder económico tiene una persona, más puede derivar hacia abajo  los impuestos (por caso, un empresario sube precios o baja salarios, perjudicando a los más pobres) que terminan en obras como las rutas que utilizan los ricos que poseen automóviles.

Reflejando esta baja productividad, la inversión extranjera directa (IED) en América Latina aumentó apenas 6% en 2013, fueron $us 292.000 millones (182.000 millones si se excluye lo obtenido por los centros financieros extraterritoriales), de acuerdo con la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). En América Central y el Caribe la IED subió 64% ($us 49.000 millones), se duplicó en México ($us 38.000 millones), en Costa Rica aumentó 14% y 5% en Guatemala y Nicaragua; y en América del Sur bajó 6% ($us 33.000 millones). En Brasil disminuyó 2%; en Chile, 29% ($us 20.000 millones); en Argentina, 25% ($us 9.000 millones); y en Perú, 17% ($us 10.000 millones). En cambio, la IED en Colombia subió 8%, hasta los $us 17.000 millones.

Un caso especial es Venezuela, que hoy se debate en duras luchas internas oficialistas, en buena parte debido al caos económico, donde las IED aumentaron 119% (más de $us 7.000 millones), según el informe. Pero hay que destacar los acuerdos con China (préstamos por $us 40.000 millones desde 2007). En el presupuesto 2013 aparecen $us 4.055 millones para proyectos agrícolas, 3.814 millones para proyectos de transporte y 2.192 millones para proyectos industriales. Sectores productivos hoy en bancarrota.

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