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Progreso

Si existe una palabra que seduce a los paceños es: progreso, de escucharla se nos caen los calzones

La Razón / Carlos Villagómez

01:01 / 16 de abril de 2013

Alguien dijo “reitera, reitera que algo queda”, así que vuelvo al tema de nuestro futuro urbano. Si existe una palabra que seduce a todos en esta ciudad es: progreso. De escucharla se nos caen los calzones. Con ella, y arrebatados por su embrujo, hemos perpetrado infinitas bellaquerías en la historia de nuestro urbanismo.

Para los festejos del cuarto centenario (1942) de esta ciudad, el Alcalde de turno demolió el claustro mayor de San Francisco (el más bello de todos) para “aperturar” una “moderna” y gran avenida hacia El Prado paceño. Si ahora alguien se fija por dónde pasa esa avenida, notará que fue una demolición innecesaria, mejor diré, fue estúpida.

Asimismo, en las dictaduras militares se promovió, con normas y demoliciones, la construcción en altura. Esta línea “progresista” fue continuada por la naciente democracia de los años ochenta con un alcalde pintoresco, que aparte de pintar las piedras de la ciudad, cambió la línea municipal con la peregrina idea de “aperturar” las calles para un mayor flujo vehicular. El ya-no-ya de estas visiones de “progreso” urbano fue el cacareado plan de la Gran Vía, que emulando a Los Ángeles (California) pretendía volver a esta ciudad en un gran viaducto de pasos a nivel, edificios “ultramodernos”, autopistas enloquecidas; es decir, todo el repertorio de los imaginarios que los habitantes de los países africanos y del sur de esta América tienen sobre el “progreso” de la ciudad. Todos estos proyectos estrafalarios contaron (y aún cuentan) con el apoyo mayoritario de la población en todos sus estratos sociales. Todos bailan ebrios de admiración por la flauta de un “progreso” urbano que, creo, es muy mal entendido.

A contramano de todas y todos, reivindico desde esta humilde trinchera a pensar y soñar el derecho a otra ciudad. Con el convencimiento pleno de vivir un proceso de cambio, no me  resigno a conservar una mente colonizada en lo que a desarrollo urbano se refiere. Creo, al igual que David Harvey, que es posible pensar en otros mundos urbanos para nuestro siglo XXI. ¿Por qué cuernos debemos reproducir las infelices experiencias urbanas del Norte y sus malas copias del Sur? ¿Les parece bien seguir los pasos equivocados de las megaciudades sudamericanas? ¿Creen que de ahí podemos importar un modelo de solución para el transporte urbano?

Con la feble estructura urbana del eje central y el enorme territorio nacional, pienso que podemos iniciar una revolución urbana y de ocupación territorial de cuño propio, donde el “vivir bien” se plasme en el más grande logro de la humanidad: la ciudad. Soñar una estructura de ciudades sustentables, humanas y socialmente equitativas es fácil pero, para construirlas, necesitamos de agallas políticas y de cojones creativos, ¿los tenemos?

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