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Prohibir, esa estupidez

Apuesto doble contra sencillo que la prohibición de los escotes en el Gran Poder será inaplicable

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Iturri

03:04 / 15 de mayo de 2015

Mire cómo es la vida, en Europa se desarrolla un vigoroso movimiento feminista buscando tener el derecho a mostrar libremente los senos sin que nadie se alarme por ello. Miles de mujeres se desnudan en las calles como forma de protesta por la discriminación en favor de quienes pueden mostrar los pectorales, porque están atrofiados (son machos), y ellas no, aunque sus senos sean capaces de la magia de poder alimentar vida.

Mientras tanto, en Bolivia un grupo de dirigentes ha determinado prohibir los escotes en la entrada del Gran Poder. Y uno ingenuamente creía que la Edad Media había acabado, y que la Inquisición que normaba cómo vestir y qué mostrar era solo cosa del pasado. Pero no, nada menos que en el Gran Poder, en la fiesta que es el espacio subversivo por excelencia, hay quien establece lo que se debe vestir y lo que no se debe vestir, lo que se debe mostrar y lo que no se debe mostrar.

Y es que la festividad es un espacio de libertad, un momento en el que la carne toma venganza frente a las prohibiciones a las que la sometemos. Una explosión de algarabía y de sensualidad. Una prueba de nuestro yo más interno, que nos permite mostrar lo que cotidianamente ciertas reglas de urbanidad tendrían prohibidas.

Alguna descriteriada dijo por ahí que al mostrarse sensual, la mujer se cosifica y es objeto de lujuria. Y es que la vestimenta es como la manzana de Eva y Blancanieves, para el Génesis es el fruto del pecado, para la madrastra es la escenificación de la brujería. Sin embargo, la fruta es solo eso: fruta, y ya aprendimos en los cursos básicos de comunicación que el mensaje depende de la decodificación del espectador. Es decir, cada quien lee la realidad de acuerdo con el cristal con el que mira.

Así, donde hay unos tacos elegantes y una minifalda, no faltará la maniática que sostendrá que es vestimenta patriarcal para remachar la dominación masculina. Prohibir los escotes es absurdo y tonto. Tanto como que ordenar que todas las mujeres deberían mostrar parte del busto. Como en todo, debería reinar el libre albedrío, la libertad de hacer y dejar hacer, de entender que lo que es bueno para uno puede ser malo para otro, y viceversa.

Y apuesto doble contra sencillo que la determinación será inaplicable. Un saludo a la bandera, claro, a la bandera de la pechonería y el conservadurismo hipócrita. Así que a ponerle el pecho a la libertad.

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