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Prosperidad

Vivimos en un país con muchos recursos, pero los mecanismos de distribución de la riqueza están fallando.

La Razón (Edición Impresa) / María Elena Ortega Echenique

00:03 / 03 de septiembre de 2016

A pesar de todo el adelanto que se ha registrado en Bolivia durante los últimos años, desde la aplicación de una nueva política económica y acciones gubernamentales orientadas a luchar contra la pobreza, como país seguimos ocupando casi el último lugar de la región latinoamericana en términos de riqueza, precedidos únicamente por Haití.

No cabe duda de que para vivir una vida plena las personas necesitan cubrir mínimamente sus necesidades básicas. De allí que los ciudadanos continuamente pedimos a los gobiernos de turno ciertos beneficios y sobre todo condiciones para prosperar. Por otro lado, es un deseo general de todos los bolivianos erradicar la extrema pobreza en el país; sin embargo, hasta ahora no hemos encontrado la manera de materializar este anhelo. Ello a pesar de que Bolivia es un país riquísimo en recursos naturales, que bien explotados, en beneficio de todos, nos llevaría a ocupar uno de los primeros lugares en términos de bienestar en la región. Contentarnos con menos es hasta pecaminoso. Podríamos disponer de una gran cantidad de recursos financieros, lo que nos permitiría mejorar la calidad de vida de todos los bolivianos, y en especial de los sectores menos favorecidos.

Sin embargo, en Bolivia parece un delito aspirar a la riqueza, aunque sea resultado de la propia iniciativa, por intermedio de emprendimientos que nos permitan desarrollar negocios lucrativos. En cuanto al ámbito público, no son pocos los políticos que luchan por llegar al poder no para servir al pueblo, sino con el fin de enriquecerse gracias a las arcas del Estado. A su vez, la mayoría de los empresarios capitalistas no distribuyen su riqueza, porque no lo ven como un buen negocio, sin entender que aquello beneficiaría a todos.

Todos los bolivianos, sin excepción, debemos estar conscientes de que vivimos en un país de increíble abundancia; sin embargo, los mecanismos de distribución de la riqueza son los que están fallando. Los ricos pueden aumentar su riqueza, y los pobres podemos volvernos ricos abriendo nuestras fronteras al mundo de los negocios y de la inversión, al mundo de la riqueza que tienen los países altamente industrializados que desean expandir sus actividades a los países en vías de desarrollo, donde viven más de 6.000 millones de personas que desean pertenecer a una economía de mercado para desarrollar sus talentos y prosperar, sin tener que contentarse con poco. Es mi deseo, al igual que el resto de los ciudadanos, que nuestro país prospere y que ocupemos el primer lugar en cuanto a los indicadores de riqueza y calidad de vida, no el último.

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